02 March, 2012

Los monederos falsos

Debo achicar mi biblioteca ¿para qué tantos libros? Ya no alcanzaré, en lo que me queda de vida, a releerlos. Estoy revisando cuáles puedo regalar: difícil. Cada uno tiene su historia. Entre las hojas de Los Monederos Falsos de André Gide encuentro un papel con tu letra que dice Te Amo. Retrocedo 30, 40 años y recuerdo cuando me lo mostraste y luego lo pusiste dentro del libro. Terminaste el café y te levantaste de la mesa. Molesto, triste, frustrado. Yo no te creí, naturalmente. Estabas casado, tenías hijos. Yo era joven y muy estricta. ¡Ni creerte ni decirte que sí ! Te diste vuelta al llegar a la puerta y me sonreíste levemente.


Cabe aclarar que hace 30 o 40 años decir "te amo" no tenía el mismo significado que tiene hoy. En ese tiempo, a los padres, a los hijos, a los amigos se les decía "te quiero". "Te amo" era solo para el amor de pareja.


No puedo, ciertamente, regalar Los Monederos Falsos. Lo abro nuevamente y leo:"Cuando era yo más joven, adoptaba resoluciones, que me imaginaba eran virtuosas. Me preocupaba menos ser quien era, que llegar a ser el que yo pretendía ser..."


No puedo ya regalar este libro, y obviamente, tampoco puedo hablar contigo. Desde hace poco, según me cuentan, duermes en un pequeño cementerio de provincia. No puedo decirte cuánto me arrepiento por no haberte aceptado y sobre todo, por no haberme fijado en que la palabra Amo la habías escrito con mayúscula.