21 April, 2012
El amor perfecto
¿Cuánto hay de verdad en eso de que la amistad es el amor perfecto?
Sí, la amistad es un amor generoso, libre de celos; no requiere de exclusividades ni de grandes explicaciones a la hora de malentendidos o equivocaciones.
¿Cuánto dura? Tal como el amor de pareja, hay amistades cortas y amistades de por vida. A veces se conoce a alguien y se comulga con él o ella de inmediato, en minutos parece como si nos hubiésemos conocido por décadas. Se produce un entendimiento inmediato. Otras veces, se requiere de muchos años para lograr ese encuentro de ideas o gustos que va a provocar el agrado de estar juntos.
Hay amigos de encuentros profundos, de confidencias íntimas. de favores especiales. Los puedes llamar a las 3 de la madrugada en una crisis. Pero también hay amigos de tomar un café o una cerveza, de tener una charla liviana y entretenida. Hay amigos de salir de vez en cuando, de encontrarse por casualidad, de escribirse, de llamarse por teléfono. No hay reglas acerca de cómo debe ser una amistad.
Me da tristeza cuando escucho a quienes dicen "Yo no tengo amigos" o "La amistad no existe"...
Al revés, yo no concibo la vida sin amigos. Para mi, la amistad es una relación libre, libre de egoísmos, libre de exigencias. No importa que no nos veamos siempre. Sabemos que esos "otros significativos" están por allí, en algún lugar; a tres cuadras de tu casa, a 500 kilómetros o en Dinamarca. Da lo mismo.
La amistad vence al tiempo y al espacio.
Qué bueno tener amigos, aunque de algunos, que han partido al sueño eterno, solo nos quedan los recuerdos...
17 April, 2012
LA SUNAMITA
por toda la tierra de Israel,
¿De dónde eres?, pregunta el funcionario. De Sunam, dice Jesed. Al suroeste de Endor. Abner me ha puesto a cargo de sus rebaños... Dicen que tu hija es muy hermosa, comenta el funcionario.
Tengo también cuatro hijos. Tres de ellos son soldados del rey David, dice Jesed. El menor está conmigo. Es pastor.
Jaguit, la madre de Adonías, enseña a la muchacha a lavarse, ungirse y vestirse. Abisag, realmente es una belleza. Jaguit tiene la sonrisa suave y el modo lento de las mujeres que han aprendido. No pregunta. No cuestiona. Ella hace.
Abisag se sonroja cuando ve brillar los ojos de Adonías entre las cortinas, mientras Jaguit ciñe su vestido. Él es hermoso. Su cabello también. Es un príncipe. Y la han llamado a palacio.
Jesed está contento de ver a su hija partir. Irá a palacio. No dice nada a su hija. Sólo la hace partir. Lo que le espera es demasiado bueno. No necesita explicaciones. Ha sido un súbdito ejemplar y ahora, es un padre satisfecho.
El corazón de Abisag se desboca mientras la instalan sobre el asno que la portará al palacio. Luego, el viaje es demasiado corto. Él, siempre la mira desde lejos, la revolotea en su hermoso caballo, tan brillante y fuerte como su dueño.
Jaguit la mira sin decir una palabra. La madre no quiere comprender más allá de lo que le han pedido: Acompañar a Adonías a buscar a la joven. Componer un poco su aspecto. Las luces en los ojos de su hijo, sin embargo, son escalofríos en la espalda de Jaguit.
Adonías es hijo de David: el verso y la lira no tienen secretos para él. En el campamento, al crepúsculo, el oído de Abisag es fortaleza sitiada: "He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa; Tus ojos entre tus guedejas como de paloma".
Abisag baja los párpados y le sonríe el alma. "¡Oh si él me besara con besos de su boca! Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes."
Un viaje así, siempre es demasiado breve. Adonías tiene la frente oscura. Él sabe la verdad que Abisag ni sueña. Comienza a alejar cabalgadura y lira, de la doncella que ha enfermado de deseo a su indomado corazón.
Jaguit, desvalida ante el dolor de su hijo, dedica las últimas horas del viaje a preparar a Abisag para lo que será su vida en la corte. Volverla del trance en ilusión es más difícil que darle normas de conducta en el palacio.
Con la ciudad en los ojos, el alma de Abisag se desboca. Tiemblan sus muslos sobre el pequeño asno. Quisiera correr, danzar, reír con los brazos en alto. Quisiera reposar ya entre los brazos de Adonías.
El encuentro con lo real es siempre doloroso. Más doloroso para el águila que para la paloma. Pero eso no lo sabe la paloma. No lo sabe esta doncella que debe servir a un rey anciano y moribundo. Confinada en aposentos reales, día y noche da servicio con sus tibias manos. Su alma, a la que se ha negado el dulzor, palidece sin digerir el asombro. "¿Adónde se ha ido tu amado, oh, la más hermosa de todas las mujeres?"
El águila sin embargo, conoce todas las realidades. Lo que no impide que caer agriete su espíritu. Jaguit observa al hijo golpear con violencia su caballo mientras se traga el campo con cincuenta hombres a su vera.
Adonías clama a Dios por lo que ha perdido; reúne ovejas, bueyes y becerros y los inmola en la piedra de Zojelet. Invita sólo a los hijos de su madre. El sacerdote Abiatar lo conforta. Cuando David muera, tú serás el rey.
Pero, su padre duerme en el seno de sus padres y es Salomón quien se sienta y se sienta firme en el trono de David. Adonías sabe que debe ir al trono real a felicitar a su hermano. En cambio, se refugia en el templo invocando y preguntando por qué su hermano menor lo tiene todo. Y en esa herencia hay un pequeño diamante que para Salomón es sólo una piedra más.
Jaguit conoce el alma de su hijo, y conoce su mismo dolor. Betsabé fue siempre la preferida de David. Los hijos han heredado las suertes de sus madres. Las madres viven ahora las suertes de sus hijos. Dicen a Jaguit que Betsabé está sentada junto al trono de Salomón, y, una vez más Jaguit dobla su cabeza ante la reina.
Betsabé siempre ha estado mimada y odia los molestos mosquitos que no se van por más que se los eche. Aboga por el corazón doliente de Adonías. Jaguit ha suplicado que, de todo lo perdido, den por consuelo a su hijo a la amada Abisag.
Abisag, la sunamita que no ha conocido varón, tiene ya una mirada de luna mientras sueña con el amado surgiendo de entre los lirios, alto como un cedro, con los crespos cabellos al aire sonriéndola toda. Sólo puede soñar, sólo sabe soñar, lejana, etérea, mientras recoge las lágrimas de Jaguit: "¡Corre, amado mío, corre como un venado, como el hijo de una gacela sobre los montes llenos de aromas!"
A Salomón le han pedido que dé por mujer a Abisag a su hermano Adonías. Abisag. Un pequeño diamante en su tesoro. Que es tal como decir un grano más de arena. Porque Salomón es rico. Pero Salomón es poderoso. Y el poderoso puede elegir la misericordia. Pero puede también decidir dar la espada por mujer a su hermano.
Adonías puede ver que Banayas, hijo de Joyada, viene hacia él. No hace intento alguno de huir. Huesos torcidos, danza grotesca, manos inermes en remedo de acogida, pero el aire se va llenando de la amada en el momento del adiós: "Levántate, oh amiga mía, hermosa mía y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno. Se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra. El tiempo de la canción ha venido...Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz..."


