10 November, 2015

PLAYA PANTEÓN

Leo “Playa Panteón”, la tercera publicación de Juan José Podestá, joven nacido en Tocopilla, de raigambre iquiqueña, con las necesarias estadías en la capital para sus estudios de periodismo y literatura.

Por deformación profesional, me salta a la vista un uso de lenguaje impecable, pero que incluye neologismos y expresiones informales como cuática, sanguchería, cagás,  algún  anglicismo y aportes de esos que molestan a los puristas, como “escenaza”

Me gusta el “homenaje” al inquieto periodista Kurt Erich Suckert (de seudónimo Curzio Malaparte), y temo que el autor me diga “Oh no, es solo una coincidencia”.

La influencia estadounidense es evidente y está bien lograda, y no me refiero solo al cine y las notables acciones de venganza, sino en particular al “dirty realism”  de Raymond Carter y por supuesto a algunos ritmos de Jack Kerouac. ¿No habrá algo Tarantinesco por ahí también? 

Por otra parte, ya me había parecido interesante el guiño de otro escritor joven, Diego Zúñiga, a la historia de la oficina Chacabuco. Pero ahora, encuentro en Playa Panteón muchísimo más que referencias breves: veo compromiso (no le va a gustar la palabra) con esa  realidad nacional que no es de su tiempo, pero que rasga la generación anterior y salpica inevitablemente la propia. Ejemplos como estos pueden contradecir los temores de que el olvido que ataca nuestro país sea definitivo.

Me place ver en la narrativa de Podestá la presencia del mar, a ratos “pequeñas olas inquietas”, otras veces “mar asesino” que sirve además de tumba. El desierto, su contraparte, aparece también en cuanto ambiente y como símbolo. Simpática la descripción de comidas nortinas en la hilarante historia de Al Pacino y Jack Nicholson.


Esta lectura me hace confiar en que también en el siglo XXI tenemos una literatura nortina. Y, aunque a los viejos, que creemos saberlo todo, nos cueste aceptar el vocabulario explícito, el desenfado, la falta de respeto por las normas, ¿Por qué no leerlos?