"Quien no se mueve, no siente sus cadenas", decía Rosa Luxemburgo, brillante ejemplo de mujer comprometida, inteligente, valiente. Su enorme e incansable trabajo en un tiempo en que era más que nunca peligroso y mal mirado que una mujer se hiciera cargo de cambiar la injusticia del mundo con su palabra, sus escritos, sus acciones. Otra de sus frases favoritas era "En el principio fue el acto". No dejaba de comprometerse si podía hacerse cargo. Era capaz de pensar y escribir en varios idiomas. Sana o enferma, estaba escribiendo siempre. En 1903 publicó una obra que aún se juzga como una de las más importantes en esa época: "La acumulación de capital (Una contribución a la explicación económica del imperialismo)"
Rosa Luxemburgo se dedicó a profundizar los valores de la Revolución Socialista Mundial, pues sentía que en ese momento era el destino del mundo lo que estaba en juego. El 20 de febrero de 1914, fue arrestada por incitar a los soldados a la rebelión. Se defendió con una impresionante disertación, tiempo después publicada con el título: "Militarismo, guerra y clase obrera".
Dos semanas antes de ser asesinada dijo a sus camaradas: "Hoy nos podemos proponer la destrucción del capitalismo de una vez por todas. Más aún, no sólo estamos en situación de cumplir esa tarea, no sólo cumplimos con nuestro deber para con el proletariado, sino que nuestra solución es el único medio para salvar a la humanidad de la destrucción". Y esta era la convicción que había guiado su vida. Palabras oportunas para un mundo que salía del padecimiento de la Primera Guerra Mundial, a la que se opuso con determinación.
Su compañero de vida y de lucha, León Jogiches, guardó su correspondencia de varios años: 918 cartas que contienen material muy interesante, en especial porque entregan información acerca de la historia de los movimientos obreros de su tiempo y con los que ella se comprometió.
El 15 de enero de 1919, hace cien años, el culatazo de un rifle destrozó el cráneo de Rosa Luxemburgo.