11 March, 2013

Recuerdos brevísimos 1


Recuerdo a la abuelita Carmela despidiéndose de su casa en el pueblo. Misma que compró el dueño del camión en que viajábamos.
Recuerdo a la abuelita recorriendo las habitaciones. En alguna parte encontró un pequeño mate de cerámica y me lo regaló. Lo conservé por muchos, muchos años. Siempre he tomado mate, pero jamás en él. Era un tesoro de dos colores entre café y verde oscuro ... Como los ojos de la Carmela cerrando la puerta de su casa y caminando hacia Palermo con sus hijas, sin mirar atrás...

28 November, 2012

MUJERES EN LA BIBLIA: ¿PERSONAJES O SÍMBOLOS?


                                                   Cecilia Castillo
                                                     Iquique

A través del tiempo, esta colección de libros llamado en occidente, la Biblia, ha adquirido el carácter de documento sagrado o devocional, además de fuente de información y formación para varias confesiones religiosas.

Sin embargo, estos libros son además, en tanto piezas literarias, una variada muestra de distintos géneros: narraciones, leyendas, poemas, epístolas, e incluso relaciones estadísticas.

A pesar de haber sido, durante siglos, fuente de inspiración para muchos escritores, me parece que aún falta una mayor aproximación a los libros de la Biblia como obras literarias. Mi intención es hacer una lectura que revise, a grandes rasgos, la visión de la mujer y lo femenino en algunos de estos libros. Necesariamente un cuadro incompleto y sesgado, pero  que deseablemente provoque en otras personas, la motivación para corregir o ampliar lo presentado en estas páginas. No hay el menor afán de erudición, ni tampoco de entregar grandes respuestas. Las preguntas serán siempre más desafiantes y dinámicas.

Entre las mujeres, no faltan asiduas lectoras que, creyentes o no-creyentes, se sienten atraídas por estas vívidas muestras de historia humana. Sin embargo, esta experiencia de lectura no siempre resulta satisfactoria. Numerosas amigas me han comentado que al leer el Antiguo Testamento y con excepción del Cantar de los Cantares, han percibido con malestar que, en los personajes femeninos hay una especie de ensañamiento: Que pareciera que los peores defectos de lo femenino (¿o de lo humano?) han sido puestos de relieve en estas mujeres. Cabe la pregunta: ¿corresponden estas características a un realismo descarnado, o están puestas ahí por manos masculinistas?

En el Génesis, en sus primeras líneas (Gen. 1,27), hay un anuncio que llama a optimismo: "Cuando Dios creó al hombre, lo creó parecido a Dios mismo; hombre y mujer (ish e isha) los creó, y les dio su bendición..." Hasta ahí, no cabe duda acerca de la intención de igualdad.  Lo extraño es que más adelante (Gen. 2,18), Dios dice que "no es bueno que el hombre esté solo", y durante el sueño del hombre, le extrae una costilla, y de ella hace una mujer para que lo acompañe (Gen. 2,23). 

Eva, personaje del poema que explica la creación, no alcanza a estar delineado en cuanto persona individual. Curioso es que su nombre significa vida o "la viviente", y es, quien debe darle hijos y, al mismo tiempo, la encargada de conducir al hombre hacia la muerte, representada por la pérdida del paraíso. Adán, interrogado por Dios, se disculpa declarando que ella es la inductora: "La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí".

Desde Eva en adelante, el Génesis nos muestra retratos bastante construidos de algunas mujeres que luego, a lo largo de la historia, van a ser consideradas ejemplares, casi santas.

Sarah, la mujer de Abraham, ocupa varias páginas y no sólo del Génesis sino también se la ha puesto de modelo de santidad en otros libros (p. ej. I Pedro 3,5).  En los textos, observamos a una mujer que, a una supuesta belleza física, opone cantidad de malas artes. Manipula al marido con su esterilidad, usa a su esclava Agar para tener un hijo y luego la envidia y la maltrata. Al tener su propio hijo, Isaac, y en el contexto de competencia cruel característica de uniones polígamas, termina por echar a esta mujer al desierto con su hijo, Ismael, con la intención de que ambos mueran. No se observa la menor intención de justicia, ni tampoco algún rasgo de ternura.

Rebeca, la esposa de Isaac, nuera de Sarah, también es dudoso modelo. Ella elige a uno de sus dos hijos, al menor, como preferido. Y le enseña a mentir. Más aún insta a Jacob a engañar a su padre moribundo, suplantando a su hermano Esaú para quitarle la herencia.

Raquel, una de las esposas de Jacob, "arrienda" el marido a su hermana a cambio de unas mandrágoras con que se ha encaprichado. Y, no sólo miente a su padre, sino que además le roba sus ídolos familiares.

La mentira, como medio para conseguir lo que quieren, parece ser, en estas mujeres, una constante. En otros libros, otros personajes repiten las características mencionadas. Débora podría ser una excepción, pero ¿y Dalila, Yael, Ester, etc., cuya principal virtud parece ser la astucia?

Incluso Rut, a quien tantas veces se ha puesto de ejemplo de fidelidad y amistad (su nombre significa "amiga"), no deja de despertar sospechas. ¿Por qué tan oportunista, calculadora, interesada? Es capaz de ir a acostarse a los pies de este hombre poderoso, imponérsele y obligarlo a cumplir con la ley del levirato.

Recordemos que los escritores en general, y en particular los poetas, deben crear dentro de su propia cultura. Con los símbolos culturales de su tiempo y de su entorno. Pero, además, son los creadores (o generadores) de símbolos. Los textos bíblicos, parecen tener por lo menos dos planos. El de superficie, donde se lee la anécdota o la historia, y un plano profundo que contiene los símbolos propios de la intención pedagógica o  de la transmisión de principios religiosos de sus autores.  En todo caso, estos textos están concebidos en un esquema racional y tradiciones culturales muy diferentes a las nuestras. Cualquier estudio de su simbología va a ser una aproximación con pocas ambiciones. Gastón Soublette dice que el estilo de los libros bíblicos es similar a nuestro género poético, es decir que, tras una aparente simpleza, abre espacio a la sugerencia. El lector debe leer entonces no sólo lo que está en blanco y negro, sino también lo que no está escrito.

Más que personajes prototípicos, más que retratos de la realidad, aventuro que estos personajes femeninos están deliberadamente diseñados para simbolizar aspectos negativos o despreciados de la naturaleza humana.

Podría argumentarse tal vez que los personajes masculinos están mostrados igualmente en toda su desnudez humana y con todos sus defectos. Pero, la gran diferencia, es el tema de la impureza. Hay que ir a las páginas del Levítico, donde la mujer se presenta como la impureza encarnada. Los fluidos de su cuerpo son impuros, especialmente su sangre. No es solo que el suyo sea un sexo inferior, sino que es un sexo impuro. Ahora, al ser este un concepto religioso, incluye que además de sexo impuro es un sexo contaminante. La inferioridad de la mujer está consagrada, entonces, por su doble condición de mancillada y mancilladora.

Como ser humano, la mujer no tiene la misma inferioridad del niño, o del esclavo, por ejemplo. Sino más bien es una condición negativa en el sentido de negación del ser. Quiero mencionar dos episodios en que se evidencia el valor de la mujer, menor que el de una res, y su calidad de no-persona.

Al final del libro de los Jueces (19-24), se relata el caso de un levita que va de viaje con su concubina y aloja por una noche en una ciudad benjaminita. Unos hombres se acercan a la casa en que lo han recibido y empiezan a gritar que salga el levita para violarlo. Entonces, el dueño de casa les contesta suplicándoles que no hagan tal perversidad, y, para consolarlos les ofrece sacar y entregarles a su hija virgen (su hija vale menos que su deber de hospitalidad) y a la concubina del huésped. "Voy a sacarlas para que las humillen y hagan con ellas lo que quieran. Pero con este hombre no cometan tal perversidad." Ante la insistencia de los atacantes, finalmente, el huésped, el levita, tira a su concubina a la calle, los hombres la violan durante toda la noche y ella se arrastra en la mañana hasta la casa y cae muerta en el umbral. Por supuesto que la reacción del levita es pedir ayuda a todas las tribus y desatar una guerra para vengarse, pero... La ofensa no es haber tratado de la peor forma a un ser humano, sino haber ofendido el honor de un varón y no haber respetado las reglas de hospitalidad.

Este episodio reitera una situación muy parecida relatada en el Génesis (19,5-7), cuando los ángeles visitan a Lot en Sodoma y todos los hombres de la ciudad empiezan a golpear la puerta pidiendo que salgan porque quieren violarlos. Lot sale a rogarles que no lo hagan y también ofrece sus hijas: "Por favor, amigos míos, no vayan a hacer una cosa tan perversa. Yo tengo dos hijas que todavía no han estado con ningún hombre; voy a sacarlas para que ustedes hagan con ellas lo que quieran, pero no les hagan nada a estos hombres, porque son mis invitados."

Salimos del Antiguo Testamento y produce alivio y esperanza el cambio de discurso en los textos evangélicos. Especialmente en los libros de Lucas y de Juan. La diferencia empieza a percibirse con la aparición de María en escena. En primer lugar su nombre, en hebreo Myriam, significa "la exaltada", "la elevada". De acuerdo al texto de Lucas, este Dios Todopoderoso, que podría haberse encarnado en un ser humano ya adulto, o en una guagüita recién nacida, decide que va a encarnarse hombre, varón, pero con la participación consciente y activa de una mujer. Le anuncia su decisión. Algo así como pedirle permiso.  Paradójico proceder en alguien omnipotente. (Por otra parte, no cabe la menor duda de que no tenía alternativa respecto de su elección de sexo. Si se hubiera encarnado mujer, no habría siquiera alcanzado a salir de la casa, menos iba a poder enseñar en el templo o tener discípulos).

Pero no se trata sólo de María. En el texto evangélico ya no hay el tono del Eclesiastés (36-21,27), en que la mujer es "una ayuda a él permanente y es columna donde apoyarse". No hay la voz de los Proverbios (31-11,31) en que la mujer es "el alma del hogar", y no sólo debe atender a su familia y su casa sino que además debe hacer trabajos productivos, venderlos para aumentar el presupuesto del hogar, mientras el marido "se sienta con los ancianos de la tierra". Todo lo contrario. En una de sus visitas a Betania, felicita Jesús a la hermana que permanece sentada compartiendo la conversación con sus visitantes en lugar de dedicarse a labores domésticas, a las cuales claramente otorga una importancia secundaria.

Se desarma, se desmitifica el concepto de la mujer dueña de casa. Se incorpora al grupo de discípulos o seguidores una mujer que ha sido "de mala vida". Jesús tiene contacto incluso físico con mujeres doblemente impuras, como la samaritana del pozo a quien pide agua, la prostituta, la adúltera, la mujer con flujo de sangre quien lo toca y él no se considera manchado. Más adelante aparecen mujeres no casadas que forman parte de la comunidad.

En las cartas de los apóstoles y en el Libro de los Hechos, se percibe la existencia de hombres y mujeres en las primeras comunidades. Aparece una diaconisa, Febe. No se sabe si este sería un caso habitual o extraordinario. Desgraciadamente este primer período parece ser sólo una breve tregua antes de retornar al discurso del Levítico. En las cartas de Pablo se observa que, de nuevo, la mujer es impura. Por ejemplo, debe cubrirse la cabeza para no "deshonrar al que es su cabeza" (I Cor. 11,3) "El hombre no debe cubrirse la cabeza porque él es imagen de Dios y refleja la gloria de Dios. Pero la mujer refleja la gloria del hombre...". Además, recomienda al hombre que ojalá se conserve como él, Pablo, sin casarse, célibe. Incontaminado por esta criatura manchada que es la mujer.

Y luego, doloroso misterio, resulta que los "padres de la Iglesia" que vendrían después, desde Agustín y Tomás de Aquino hasta Juan Pablo II, con alguna posible excepción como Juan XXIII, han tomado y desarrollado la concepción de mujer de Pablo y sus antecesores, en lugar de basarse en palabras y hechos de Jesús en su trato y consideración de la mujer y lo femenino.

En mi opinión, y seguramente  también en la de otras mujeres,  resulta doloroso y traicionero y antievangélico además, el que a pesar de promover la irreprochable devoción a la madre de Dios (convirtiéndola eso sí en un ser etéreo  desprovisto de su calidad humana y de hembra), por otra parte se hunda al resto de las mujeres, a las pecadoras, en la antigua y terrible condición de representantes de la impureza.

A la pregunta de ¿qué pasa dos mil años después? quiero responder, aunque sin respaldo científico para mi afirmación, que me parece evidente que en la iglesia católica como en otras iglesias cristianas, la situación de la mujer no ha evolucionado. Entre los católicos, incluso laicos, incluso mujeres, abunda el rechazo de plano a que la mujer sea ordenada, provoca sonrisas torcidas el imaginar a una mujer consagrando el pan en el altar o escuchando confesiones. Se incentiva y premia sin embargo la labor femenina dentro de lo social. Recordemos a Teresa de Calcuta y tantas otras como ella.

No es tampoco, como se pudiera pensar, que las iglesias cristianas no hayan cambiado en absoluto. En algunas instancias hay tibios avances. La iglesia católica, al menos  en algunas oportunidades dice defender los derechos de los débiles. Critica los sistemas políticos deshumanizantes. Pide perdón por la Inquisición y otros errores del pasado.

Sin embargo, más de dos mil años de ¿vigencia? de la palabra de Cristo no han sido suficientes para purificar a la mujer. Para rehabilitar a María Magdalena. ¿Cómo es posible que los creyentes no crean necesario  rehabilitar a aquella persona que fue el primer ser humano en ver y casi tocar a Jesús resucitado?  Olvido inexcusable, porque aun hoy, después de estos veinte siglos la mujer despierta repugnancia y temor, en especial en los sectores religiosos más tradicionalistas y conservadores. Donde ella, sigue representando un riesgo. Riesgo de contagio y de caída.

Otra pregunta pertinente podría ser qué interés tiene este tema para aquellas personas que no son cristianas o no son en absoluto religiosas.  Bueno, la influencia de la Biblia ha permeado toda nuestra civilización cristiano-occidental, y aun en los no-cristianos persiste hasta hoy la sospecha respecto de esta "seductora" que induce al hombre al mal. "Lo lleva por el camino de la perdición" y  hace peligrar su honor. Por tanto desembocamos en la afirmación obvia de que esta condición de inferioridad de un sexo porque es impuro respecto del otro, no afecta sólo a la mujer sino también al hombre con la misma intensidad, puesto que lo trunca y lo reduce.

Para aquellas personas que sí son religiosas o cristianas puede ser interesante releer las escrituras y detenerse en el evangelio. Leer más allá del blanco y negro, en especial las palabras sobre la impureza. Pero leer con la mirada de que nada que venga de fuera del hombre, o de la persona humana, puede ensuciarlo o contaminarlo. Que la única impureza posible es la que se encuentra en el propio corazón.

Como tan bellamente lo dijera el poeta Konstandinos Kavafis:
                                                                                                                  
                               "...No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
                                ni a la cólera del airado Poseidón.
                                Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
                                si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
                                emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
                                Los lestrigones y los cíclopes
                                y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
                                si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
                                si tu alma no los conjura ante ti...."

                                                     

23 September, 2012

Escrito hace quince años.... (Cualquier semejanza con...)


              
EL PUEBLO ¿UNIDO? ¿JAMÁS SERA VENCIDO?

Más preguntas - ¿Qué pasó con las grandes alamedas?  ¿A cuántos les son ajenas? ¿Ubi sunt?
Escucho a los "Quila", y, en lugar de disfrutar, sufro... Mi alma se niega a integrarse a las voces. También, ellos no son los mismos. Los escuchamos, aquí en Santa Laura, comunicarse en francés, abiertamente a oídos del pueblo que anhelante clama por escuchar las canciones que apelan al espíritu colectivo. Pero, los "Quila" de los noventas se niegan a preguntar "qué culpa tiene el tomate"- ¿por qué?, ¿es que ya no les conviene que "la tortilla se vuelva?"
Y el pueblo, ¿por qué no puede estar unido?
Por qué los jóvenes no pueden ya reír si no es con cerveza o "pito" que espanten la amargura?
Es tiempo de elecciones. Los muchachos de hoy interpelan a los "lolos" de los setentas:
-La política es corrupta - dicen.
Es cierto - digo - ingresen ustedes a la política y límpienla. Tal vez es corrupta porque ustedes no están.
Y, a pesar de este discurso optimista, la verdad, la verdad, tengo miedo de no creerlo ni yo misma. Tengo miedo de su desconfianza al preguntar - ¿Y si nos corrompemos nosotros también?
Pero, a pesar de mi desencanto, y a pesar de que
los álamos ya no crecen,
los álamos están torcidos,
los álamos no tienen hojas
me esfuerzo en volver a soñar con "las anchas alamedas", porque en mi médula algo quedará  de ese idealismo generoso latinoamericano y
arrullada por mi sueño
me empeño en permitir que mi alma de poeta
aunque llore,
nunca deje de cantar.


11 September, 2012

Bajar la escalera del Metro



Quisiera verte, uno de estos días.
Bajar la escalera del metro y verte: único, especial y esperante en medio de ese apretado gentío. Sonriendo para mi como si fueses un regalo de la vida.
Quisiera tocarte, uno de estos días.
Bajar corriendo la escalera del metro y abrazarte por la espalda sin decir nada, adivinando tu sonrisa mientras reconoces la caricia firme de mis manos.
Quisiera estar viva, uno de estos días: y encontrarme contigo en medio de esa multitud que espera subir al tren dejando atrás tediosas horas. Quisiera estar viva, para que me identificases desde lejos y me atraparas  con esos ojos tan alertas y un poco míos.
Quisiera...

03 July, 2012

Rubén Darío,¿qué más tenías bajo la manga?



METEMPSICOSIS
                                          Rubén Darío

Yo fui un soldado que durmió en el lecho
de Cleopatra la reina. Su blancura
y su mirada astral y omnipotente.
     Eso fue todo.

¡Oh mirada! ¡oh blancura! y oh, aquel lecho
en que estaba radiante la blancura!
¡Oh, la rosa marmórea omnipotente!
     Eso fue todo.

Y crujió su espinazo por mi brazo;
y yo, liberto, hice olvidar a Antonio.
(¡Oh el lecho y la mirada y la blancura!)
     Eso fue todo.

Yo, Rufo Galo, fui soldado y sangre
tuve de Galia, y la imperial becerra
me dio un minuto audaz de su capricho.
     Eso fue todo.

¿Por qué en aquel espasmo las tenazas
de mis dedos de bronce no apretaron
el cuello de la blanca reina en brama?
     Eso fue todo.

Yo fui llevado a Egipto. La cadena
tuve al pescuezo. Fui comido un día
por los perros. Mi nombre, Rufo Galo.
     Eso fue todo.


Cuando vi en Roma la escena de Titus Pullo con Cleopatra me acordé del poema de Rubén Darío (Además de los personajes "Rufo" de Lugones y de Borges) y me pregunté qué pasó ahí...la conexión...algún antecedente histórico...qué se yo, de dónde sacó la idea Bruno Heller, etc...
El poema me encanta (aunque lamento mucho que en la mayoría de las versiones publicadas han cambiado pudorosamente "brama" por "broma").

19 May, 2012

Mi nombre




Anda, ¡llámame!
y que resuene tu voz entre cordilleras y valles
Llámame
con ese nombre secreto que me has dado cuando te sumergías entre el ansia y la culpa
Llámame
que mi nombre en tu boca adquiere un valor nuevo, impensado, provocante
Llámame ahora
y que penetren tus ganas entre mis cordilleras y mis valles


18 May, 2012

Noche de viernes



A veces, en viernes, como que me gustaría tener una relación digamos, normal. Rutinaria, casi fome, normal:

¿Hola, qué tal tu día?/ Y, bueno, aunque cansador, y ¿el tuyo?/ Mmm, sí bien, pero viernes ¿no? Estoy muerta/ ¿Hay algo rico para comer?/¿Quieres que te cocine algo? (con cara de pobredevos que digas que sí)/ No, no te preocupes, cualquier cosa/ Bueno (dispuesta a premiarlo por su generosa renuncia), hay postre que quedó de ayer y te muelo unas paltas/ Ah, qué estupendo, y ¿quieres salir o algo así? (con cara de esperoquedigaqueno)/ No, nada de eso si es viernes y estamos cansados/ Entonces ¿vemos una película/ Mmm, no sé tengo un libro (sé que no voy a pasar de las diez páginas hoy/ Pero hay esa película que tanto quiero ver/ Bien, pero tú la ves y mientras yo leo ¿te parece?/ Claro que sí...siempre que no te moleste el ruido/ Qué va, si para eso están los audífonos/ Aunque, no sé...¿y no te tinca hacer alguna otra cosa/ ¿En serio? podría ser, dame un minuto, una ducha rápida...

Y ...vaya, se durmió...lo abrazo entonces con cuidado y me duermo también con la cabeza apoyada en su espalda. Sí, voy a despertar luego con el cuello adolorido, pero qué importa. Igual somos dos para un rutinario y normal viernes por la noche...