19 August, 2009

Pisadas y huellas

Hay alguien que me espera alguna tarde en algún rincón soleado. Pero no lo veo, sus ojos no puedo verlos, el sol está en mi cara.
Hay alguien que me sueña en alguna noche caliente y húmeda. Pero, no lo sé, no me doy cuenta, tal vez miro hacia otro lado.
Hay alguien que pisó mis geranios y cortó la manguera en pedacitos.
Hay alguien hay, y estiro mi brazo sin alcanzarlo.
Porque no puedo alcanzarlo y no puedo decirle que lo sé todo: sus sueños, sus pisadas sobre las flores, el misterio de su nombre.
¿Quén eres y dónde estás? Qué preguntas más ridículas, originadas en el insomnio y en la incapacidad de hablar sin mencionar palabras odiosas como aun y todavía.
Resbalan ilusiones escalera abajo, andamio abajo hundiéndose en la bruma...
Misterioso pedazo de agua retoza en la punta de mi pestaña.
Me despido de ti y del sueño pero no importa porque
hay alguien...

La lluvia me elude... ¿por qué, si la necesito?





No es que la necesite para lavar pecados o para ocultar lágrimas. Es solo que me encanta la lluvia. Como buena serenense, siento que la lluvia me levanta, me enternece, me fortalece, me sonríe. Me recuerda, en la infancia, la alegría general porque si llueve habrá pasto, habrá cabras, habrá queso, habrá vida...

Parto a Santiago a ver a mi regalona hija (le he pedido que encargue lluvia), y me encuentro con, además de su bellísima sonrisa, todos los días de sol.

La tarde en que regreso, en el avión me entero de que en Iquique hay llovizna con plásticos y danmificados y todo lo triste de ocasiones como esta. Cuando llego a mi casa, ya no queda nada nada, el cielo está seco y claro. Mientras tanto, en Santiago "se larga" a llover. ¡Qué desajuste !.

San Isidro no me quiere, téngalo por seguro... vean como no me deja ni ocultar lágrimas ni lavar pecados...

En Iquique hay sol de nuevo, un tibio amigable sol. Debo perdonar al cielo que no me regale lluvia...