
¿Qué es la camanchaca? Alguien me dijo un día ¿por qué camanchaca? ¡Si es neblina como cualquier otra neblina!...Bueno, quien ha atravesado el desierto con camanchaca sabe muy bien que es algo más que la neblina.
Hay un cuento de Eduardo Barrios que se llama Camanchaca. Magistral, por cierto, y que tiene lugar precisamente en esta extensa pampa relatando un viaje a caballo entre una y otra oficina salitrera.
Otro cuento, de principios del siglo pasado, escrito por un estadounidense, y que se llama Fog, también se refiere a la pampa salitrera y por las sorpresas que proporciona al protagonista esta fog, creo que no habría manera mejor de traducir este término al castellano sino como camanchaca.
Pero, he aquí que este año me presentan a un novel escritor iquiqueño, Diego Zúñiga, que ha escrito una novela llamada Camanchaca.
El nombre me atrae de tal manera que sin dudar leería cualquier cosa que tuviera ese título.
Con agrado y algo de sorpresa descubro que es esta una novela que soporta y amerita varias lecturas; en el sentido wildeano: “Un libro que no merece ser leído más de una vez, no vale la pena leerlo en absoluto”
Descubro, antes que nada, un Iquique que no es necesariamente el mío; el que me obligó a quedarme aquí y el que me ata. Sin embargo, sí es la ciudad de mis hijos y naturalmente, el lugar donde comienzo a envejecer. Solo que en esta novela hay detalles en los que no había reparado ya que está el barrio El Morro mirado no desde Covadonga o Pedro Lagos , sino desde más allá, desde los edificios de la Remodelación, y también desde las aves, el mar, el béisbol….
Referencias culturales interesantes que todo iquiqueño comprende pero que un afuerino tarda en captar, como decir que una mujer “se para en Thomson” para insultarla tratándola de prostituta sin mencionar la palabra interdicta. Otras interesantes referencias son: la de los automóviles llegados por Zofri, la aparición del riesgo en la vida de los jóvenes en la figura de “los pungas”, la señalética de tsunami y que, aunque no la miremos, sabemos, que ha estado por años entre nosotros avisando una amenaza latente.
Esta ciudad, objeto de estudios sociológicos y presente en abundante literatura, sin duda se refleja en estas páginas a ojo avizor juvenil, de manera nueva, diferente , que devela características muy especiales, como la actitud de estos Testigos de Jehová que le rezan a la Virgen María… Iquiqueñeces, tal vez. ..
¿Qué oculta, qué vela esta camanchaca? ¿Será una neblina poblada de silencios? Terribles los silencios en esta novela. La fuerza de “lo no dicho”. Terribles las barreras que ocultan los secretos y dolores de almas.
Cobra vida también el silencio en el rechazo del joven protagonista por conocer el pasado de su país. El padre trata de contarle la historia de la oficina Chacabuco, que sirviera de campo de concentración durante la dictadura. El hijo se pone los audífonos y se rehúsa a escuchar. Para él “las casas se confunden con el desierto”. Sordera personal ¿o etárea? ¿o generacional? ante la historia de las generaciones anteriores. ¿Será quizá producto de una saturación por escuchar reiteradamente el tema de la memoria en la generación anterior? ¿Será que aun está vivo el miedo de manera soterrada pero presente y efectivo? ¿Será que los arquitectos del olvido colectivo tuvieron éxito en su tarea?.
Sin embargo, el protagonista hace un claro y gran esfuerzo por derribar la barrera de silencio de la madre. Ella es la poseedora de la verdad. “La que conoce”, en un sentido foucaultiano, pero también es una niña que necesita ser contenida y consolada. Es una mujer centrada en sí misma y en sus culpas, sus rencores y remordimientos, todos velados, ocultos tras la camanchaca. Las “entrevistas” realizadas por el hijo, y que semejan interrogatorios policiales, parecen redimir a esta mujer-niña, pero no la limpian, no la hacen crecer ni le devuelven la maternidad. Llama la atención lo incómoda que es la cercanía física entre hijo y madre, tan ambivalente y riesgosa; difícil de digerir. Porque, a pesar de todo, hay comunicación, aun cuando lograda a través de “entrevistas” y conversaciones a oscuras.
La relación con el padre sin embargo conlleva una cercanía corporal cómoda, clara, sin recovecos. El joven se acuesta al lado de su padre a mirar televisión y se duerme, por ejemplo. No obstante, esta es una cercanía con audífonos (tras la camanchaca).
Le creo a Walter Fisher cuando dice que nos comunicamos en nuestras narraciones. Y que somos animales contadores de historias. Y que no necesariamente adherimos a la verdad o a lo factual sino a lo que nos hace sentido. Lo veo en esta interesante novela y también en nuestra vida real.
En la fragmentación que ha vivido nuestro país y que subsistirá aun por muchos años, cuesta mucho que quienes estamos en el mundo de las letras como escritores o como lectores nos leamos intergeneracionalmente. Al viejo le molesta la escritura con sabor a Bolaño. Al joven le asquea la escritura con sabor añejo. Y así como no logramos encontrarnos en la escena social de nuestro país, tampoco nos encontramos en la literatura. Lamentable. Que quienes debiéramos tender los puentes en la palabra, permanezcamos atrincherados criticando y desmereciendo.
¿Será que los jóvenes se cubren los oídos con audífonos para no escuchar nuestros discursos, no solo por repetidos, sino también por inconsecuentes?
¿Será que los viejos debemos comenzar a leer a los jóvenes y a admitir que también en ellos podemos encontrar calidad y congruencia, interrogantes y desafíos?
Este joven autor no solo me ha impresionado y satisfecho con la calidad de su trabajo, digno naturalmente de ser criticado por los especialistas en teoría literaria, lo que yo no soy, sino que además me ha conmovido ( en el sentido de “mover fuertemente o con eficacia” RAE), y es por esto que me deja con varias interrogantes que desearía compartir con quienes coincidimos no solo en la cantidad de años sino también en la responsabilidad de nuestra condición de testigos de las quebraduras de nuestra sociedad chilena o latinoamericana y, cómo no, también en la inminencia de nuestra pronta partida.
Por lo tanto, señor Diego Zúñiga: Adelante: The floor is yours…
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