31 May, 2011

Homenaje a Sergei Esenin y su poema "Carta a una Mujer"

Cuando leí este poema de Sergei Esenin, recordé las palabras de Jorge Teillier “en los días que vivimos es un poeta nuestro”. Luego de leer varias traducciones, aun me entristece que tengamos que perder la musicalidad que reportan los afortunados que lo leyeron en su lengua natal. Pero, además, me llamó la atención que, a diferencia de tono y tema de sus poemas revolucionarios y sus tempranos poemas “de la aldea” llenos de dulzura y melancolía, este poema está dedicado a una mujer a quien Esenin reclama por no haberlo comprendido cuando se encontraba sumergido en las angustias y dolores de la lucha de su pueblo.

Me sentí un poco en la piel de esa mujer. Porque las mujeres hacemos eso: enamorarnos de hombres de grandes ideales y de ideales luchas. Y nos sentimos dispuestas a sacrificar todo porque logren sus propósitos. Y juramos que les daremos la libertad que necesiten y que esperaremos aplaudiéndolos y sosteniéndolos sin exigir nada. Pero claro, ocurre que un día, o muchos días nos caemos a la queja y al reproche y terminamos por querer cortar las alas de aquel amado a quien nosotras mismas hemos impulsado a volar…

Sin embargo, ese amado, quizá porque hombre, no comprende que la queja y el regaño y la exigencia son meros gestos para salvar cara o ansias de poseerlos en tanto objetos de deseo. (Claro, porque una mujer que ama a un hombre así, consecuente, idealista, soñador, es una mujer potente y sólida que sabe ser también sujeto de deseo).

Terminé entonces por permitirme escribir una respuesta a esa hermosa carta, inusual carta de amor y valoración de esa su compañera…




RESPUESTA DE UNA MUJER

Usted no se acuerda, Sergei.
Usted, claro, de minucias no se acuerda.
Cuando arrodillada yo,
junto a su lecho,
posaba una y otra vez
paños fríos en su frente.
Sufría usted, claro, de esas fiebres agobiantes.
De las que no se sufren, naturalmente,
por una simple mujer.
Se sufren por el dolor universal.

Querido:
Usted no me amaba.
Cómo pudo si no, ignorar que yo,
junto a usted en el gentío
comprendía perfectamente lo que se avecinaba.
Usted recuerda mi angustia, dice.

Mi angustia de
muchacha pobre
de ojos cansados y espalda fiera.

Me recuerda, dice, en su carta,
y le complace comunicarme que
no rodó por la pendiente.

Que ahora no me haría sufrir
como entonces.
Querido:
Tampoco me ama usted hoy.
Usted aún no me conoce.
Dice que no soy la de ayer
y que usted a mí no hace la menor falta.

Pobre amigo mío
que jamás me olvida,
que jamás olvida.
Que sigue dispuesto,
por la Causa,
a ir al fin del mundo.

Pero, querido, usted,
no sabe nada.
No sabe que lo perdoné enseguida
y
que lo necesito con demencia.
Que sigo, cada noche,
caminando por la estancia
mientras lo riño -
a usted a la pared
pegado - lo riño.
Lo riño y le suplico,
le suplico
que me permita
rodar con usted
por la pendiente.

Cecilia Castillo

ESTE ES EL POEMA DE SERGEI ESENIN, EN TRADUCCIÓN DE JOSÉ SANTACREU

CARTA A UNA MUJER

Usted se acuerda,
usted, claro, de todo se acuerda,
cuando andaba nerviosa
por la estancia
- yo a la pared pegado –
y me reñía
con acerbas palabras.

Decía usted
que había llegado
la hora de separarnos,
que a causa de mis locuras
sufría mucho,
que iba a dedicarse a sus cosas,
y que yo estaba condenado
a rodar por la pendiente.

Querida:
Usted no me amaba.
Ignoraba que entre el gentío
era yo cual caballo espumeante,
espoleado por audaz jinete.
Ignoraba
que entre aquella humareda,
en la fosca tormenta de la vida
sufría yo, sin comprender
lo que se avecinaba.
De cara a cara
no se ve el rostro.
Lo grande se ve a distancia.
Cuando el mar se encrespa,
corren riesgo las naves.
¡Y de pronto
se convirtió la tierra
en una nave!
Alguien
empuñó majestuoso el timón
rumbo a la nueva vida prodigiosa
por entre vendavales y tormentas.
¿Quién no se cayó en la cubierta?
¿Quién no vomitó y no maldijo?
Pocos hubo que no se mareasen,
que venciesen aquel torbellino.
Entonces
entre un clamor salvaje,
sabiendo bien lo que me hacía
bajé a la bodega
para no ver vomitar a la gente.
Aquella bodega
era eso: la taberna.
Yo me entregué al vino
para no padecer por nadie
y hundirme
en la embriaguez.
Querida:
La hice sufrir, es cierto.
En sus cansados ojos
se asomaba la pena
al ver que yo, ostentosamente,
me consumía en escándalos diarios.
Pero usted ignoraba
que entre aquella humareda,
en la fosca tormenta de la vida,
sufría yo,
sin comprender
lo que se avecinaba…
·································
Han pasado los años.
Mi edad es ya otra.
Ahora pienso de distinto modo.
Ahora brindo en los días de fiesta
por el gran timonel.
Me embargan hoy
amables sentimientos.
Al recordar su angustia
quiero apresurarme
a decirle
lo que fui antes,
lo que soy ahora.
Querida:
Me complace comunicarle
que no rodé por la pendiente.
Vivo en el Territorio Soviético
como el más entusiasta adherente.
No soy ya
el de antes.
Ahora no la haría sufrir
como entonces.
Tras la bandera de la libertad
y del trabajo luminoso,
estoy dispuesto a ir
al fin del mundo.
Perdóneme…
Sé que usted no es la de ayer.
Ahora vive
con un marido serio, inteligente.
A usted no le hacen falta
nuestros duros quehaceres,
y yo tampoco
le hago la menor falta.
Viva bajo
el signo de su estrella,
bajo su mansión renovada.

La saluda su amigo
que jamás la olvida,


Serguéi Esenin

30 April, 2011

Última advertencia


































THIS IS THE LAST WARNING !

A mi también me advierten
que no habría que hablar acerca de la muerte
(y menos en un poema, qué quieres que te diga)

Pero la muerte a mi se me encarama
(sí, ya sé que ya lo dijo Oscar Hahn pero no importa)
y se me mete también por todos los poros
(qué le vamos a ser si la muerte para mi es masculina)
y esa muerte que quiere seducirme poseerme y atraparme
es tan terriblemente masculina y atractiva y misteriosa,
sobre todo misteriosa…
que siento unas ganas que no te explico de perderme entre sus brazos y
permitirle que me haga suya, toda suya.
………….
Ahora bien, si estas mis palabras te han producido un feroz ramalazo
de celos
o, aunque sea, un breve escozor de celos,
pero celos de mi, al fin y al cabo…
Hazme, por favor,
una proposición
o una propuesta, aunque más no sea,
que me resulte imposible de rechazar
y que me permita, acurrucada, enredada en
las trampas de tus ojos y tus piernas,
hacerle un taimado desprecio a esa muerte que me ronda…

17 April, 2011

Nostalgia

Un ser querido muy joven y con aspecto de príncipe encantado y ojos de luz me escribe desde tiempo y espacio lejano. Entre otras cosas dice:

"Hoy desperté con algo de nostalgia por Iquique, por el sonido de las olas y el ruido de las aves cuando uno caminaba por las orillas de Cavancha. Extraño un poco la fría brisa marina de la tarde y cuando la "camanchaca" se robaba los cerros que se veían desde la puerta de mi casa."


Por otra parte mi hermano pregunta "¿Acaso Iquique necesita más atractivos?"
Y mi amigo Manu asegura que ama el mar porque nació en la montaña.Dice: "Me das envidia, porque escuchas las olas del mar como yo el viento de otros tiempos. Aquí en las noches yo sólo escucho los ruidos de la ciudad, aunque por eso no me quejo. Pero no sé lo que es escuchar las olas mientras estoy en mi cama".
Entonces hoy me cuesta dormir sintiéndome privilegiada y regalada por el olor a mar y el ruido de olas que me arrulla cada noche en medio de un silencio admirable...
Cuando otros añoran este paisaje es que siento que tengo un tesoro que me alivia el corazón cansado y viejo.
Nostalgia se llama eso Alejandro, claro que sí, pero es cosa de ancianos no de jovencísimos como tú...




20 February, 2011

TODOS LOS SUEÑOS EN EL ANDÉN



















Tengo un amigo que acostumbra conversar bajo las estrellas. Quizá porque quisiera apagarlas, a veces. Pero no, ellas son sus preferidas ante una luna que se quiebra y ese sol que amenaza con extinguirse. Él vive en ese río de estrellas.

Este es un hombre para quien la amistad es masculina. ¿Cómo lo sé? Creo que eso se proyecta, aunque no lo quiera como autor, en cada una de sus historias: desde la receptividad hermanable y de corazón abierto en “El barco varado” en un recorrido largo y significativo que alcanza su punto máximo cuando “conversa bajo las estrellas” con esa sólida ternura que es a la vez fuerza y reciedumbre.

Y puedo vislumbrar que la mujer, para este narrador, no es objeto de fraternidad sino de admiración, de maravilla, de disfrute de ojos y de piel, incluso en la lejanía o en los recuerdos…”Él dirige su primera mirada hacia ella pensando que se quedará ciego de tanto mirarla…” “…antes de besarla, despacio, muy despacio, la habitación se ha llenado de una infinidad de colores”. “…dibujé su cuerpo juvenil, imaginé sus dedos, con esa extenuación extrema, que la hacía mucho más delicada…”

Este es un hombre que sueña y sabe soñar corazones de mujer penetrando en sus anhelos “En las tardes de luna [de nuevo la luna] se enferma de nostalgias, la contagia de soledades e invocaciones, desairando su porvenir, emergiendo en su voz un grito y busca con la mirada a un hombre que la ame en una noche fugaz, furtiva, pero no lo consigue. Es demasiado exigente”.

Tengo un amigo que sabe sonreír a pesar de que también se duele y se conduele. Como cuando me advierte: “Al nombrar lo malo empieza a aceptarse y desde el momento en que lo aceptas ya no te abandona”…porque quizá hasta siempre en estas patrias del sur vamos a estar sufriendo con la herencia de dolor y horror que nos marcara hace varias décadas. Porque no siempre podemos comprender o aceptar “la diferencia entre estar y sentirse” puesto que el sentimiento está vivo en esta “Tristeza a orilla de la noche”. Y, al mismo tiempo, sangramos en el esfuerzo de que nuestros hijos y nietos no olviden, para que se conserven en su memoria y en la historia nuestros hermanos víctimas y mártires.

Tengo este amigo que escribe y describe su entorno en la magia de los breves valles de este norte verde. Los muestra desde el paisaje y desde las almas. Pero, lo que más me gusta es escuchar el cómo los relata, con esa intensidad y gracia del que siente en su voz cada palabra. Y entonces esas narraciones me llaman con fragancia de fruta y flor porque es el paisaje y un poco la remembranza de mi infancia y breve adolescencia.

Gracias, amigo Luis, por los sueños y los andenes...