19 February, 2012

¿Olvidarte? Imposible olvidarte...

INOLVIDABLE

“He besado otras bocas buscando”

(olas insolentes

perdidas en lata memoria)

“nuevas ansiedades”.

“Otros brazos extraños me estrechan”

(pero tu recuerdo roe

mis luces, mis afanes, mis caras)

“Pero sólo consiguen hacerme

recordar los tuyos”

Tu orgullo,

a pecho descubierto,

amordaza las entregas.

Las entregas

“…que inolvidablemente

vivirán

en mí”.


Frivolidades...

Con esto de las redes sociales ocurre a veces que te encuentras con alguien de tu pasado. Un ejemplar del sexo masculino que te dice algo como: "No tienes idea cuanto me gustabas tú cuando éramos jóvenes. Qué pena que nunca se concretó nada." (doble negación: nunca y nada. Está correcto, pero duele). Y una le retruca: "Pero si nunca me dijiste nada", “No me atreví, no sé, pero tú tampoco hiciste ningún movimiento, algún gesto”. De más está discutir, si este no se acuerda de que con los hombres de nuestra generación NO se podían hacer movimientos de avance o expresar verbalmente los gustos o atracciones ¡Qué va!, la “calificación” de “suelta” que te llegaba era impajaritable y era mayor según el mapa: mientras más nortino (o más provinciano) el varón, más prejuicioso y machista y más virginal y recatada debía de ser la dama.

Y, aunque es frustrante no haber descubierto entonces lo que admiramos en los jóvenes de hoy, el desprejuicio en la entrega, la capacidad de disfrutar sin culpas, igual es lindo encontrarse con alguien que te diga que lamenta que no fuese algo que pudo ser. Especialmente si te lo dice después de verte, mira que es un torrente el que ha pasado bajo el puente y las arrugas son notorias. Es lindo, porque puedes mirarte en los ojos del otro y sentirte, por un momento, la muchacha que fuiste hace tanto tiempo y que aun vive, fresca y lozana, en algún lugar de ti o en toda tú.

15 February, 2012

¿Día de los enamorados?




El amor es ese aventurero viajante que revoluciona todo a su paso. Se sumerge hasta en los corazones más recalcitrantes y los trastorna, los retuerce, los premia y los castiga. El amor se parece a mi héroe: Corto Maltese. Es como él: bello, masculino, irresistible, pero desgraciadamente demasiado libre. Solo él decide si quedarse (y por cuanto tiempo) o si partir, dejándonos un raro sabor en la boca e invaluables recuerdos atesorados…

10 February, 2012

Cuerpos como hojas

Fue una tarde de febrero. Estaba en ese deporte femenino (desagradable pero necesario) de probarme ropa en una tienda. Había dos espejos. De pronto, me quedé con ojos fijos mirando uno de mis codos. Era horrible. Con arrugas circulares cual rodilla de elefante.

Ese día me di cuenta de que ya no podría usar blusas o poleras de manga corta a riesgo de violar las mínimas reglas de estética básica. Continué la observación, solo para ver reflejado en ese maldito espejo de cuerpo entero una figura “ceda el paso” y unas piernitas flacuchentas. Definitivamente, pero definitivamente, resultaba ser que me sentía más segura (y por qué no, más atractiva) CON ropa.

Dónde se había ido esa época en que una se daba una ducha, se ponía una mini y una polera vieja y salía, tal cual, hasta con el cabello mojado, sintiéndose linda, admirada, dueña del escenario.

Dónde se había ido esa época en que al moverse la pollera con el viento se destacaba la gracia de esas sólidas piernas y un breve escote mostraba la garganta lisa y blanca sin lunares ni arruguitas.

Ese día en el espejo me sentí estafada y engañada: aquella de ahí, la del maldito espejo de cuerpo entero, no era yo. Era otra, una intrusa que me imponía su reflejo.

Sin embargo, no hay dónde mejor verse que en los ojos de otros. Y la realidad me indica claramente que en los ojos de los hombres de mi generación se puede ver la edad de la mujer que observan. Y cuando miran a una como yo, ven todos, todos los números. Y alejan la mirada buscando una muchacha de esas recién salidas de la ducha con piel perfecta y cabello enredado…

Pero no falla que alguien que no ha llegado a esta etapa, trata de “consolarte” diciendo leseras como “cada uno tiene la edad que quiere” “la vejez no existe, es solo un estado mental” “lo importante es como te sientes por dentro” e infinidad de falaces etcéteras.

La edad existe, qué duda cabe. Y cuando descubres cosas tan freak como codos de rodilla de elefante, cuellos con lunares, manos huesudas y con manchitas, piernas flacas y tantos otros signos de decadencia, no queda más que aceptarlo con gracia, con mucha gracia. Y aprender a usar con femenina astucia, bellas blusas de mangas largas, pantalones largos, sutiles pañuelos al cuello e interesantes otros etcéteras que nos hagan sentir cómodas y seguras aun cuando la cantidad de años que cargamos.

Lo contrario, es muy triste: el vestirse y actuar como jovencitas que hace décadas dejamos ya de ser, porque no faltará el cruel espejo que nos haga sentir ridículas y desubicadas.

Y no vale la pena sufrir esperando que los varones de nuestra edad nos miren como miran a las muchachitas. Tal vez logremos que nos atiendan cuando sonreímos o cuando los escuchamos. Puede ser, nunca se sabe. Quizá encuentren dentro de nosotras algún tesoro que las jovencitas aun no tienen. Y si no ¡qué importa! Si nos ponemos tristes más arrugas avanzan….

Y, por último pensemos en nuestros cuerpos como hojas que ya comienzan a secarse antes de caer y homologarse con la tierra…es parte del ciclo de la vida, y es nuestro turno caminar hacia allá..

Con gracia…eso sí. Con mucha gracia.