Chocolate
Solo después del beso de despedida, me di cuenta de que mis hormonas estaban todas todas en desorden. Volví la cabeza mirando como te alejabas. Abrí la boca para llamarte, fuerte, claramente, con voz de pasión alborotada... pero recordé las palabras de mi abuela: No olvides que eres una señora. Me acerqué al kiosko más cercano y compré un chocolate. Dicen que el efecto es muy parecido...
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