“…Quiero volver a Atacama, donde
nací, es un deseo de cerrar un anillo de poder” dijo la poeta un par de años antes de
su muerte.
Dicen que nació
en Iquique un día de febrero, pero fue criada en Tocopilla. Creció allí con su
hermano menor, quien se convertiría en alguien famosísimo.
Con una beca
para la Universidad de San Marcos, Raquel, casi una adolescente, se trasladó al
Perú, donde residió por el resto de su vida. Llegó con su primer
libro, “La dimensión de
los días” publicado en Chile, y que posteriormente sería reeditado en
Lima.
Ya cuando
adulta, no tuvo contacto con su hermano. De ella, él diría: “en sus versos danzaban las piedras,
hablaban los metales, cantaban las capas geológicas, revivían los dioses incas,
aztecas, mayas”.
Raquel
escribía también acerca del olvido: Hoy
salen de la nube del alma / Mares y lápidas, bocas quebradas / Y trampas de sol
/ La hierba roja del olvido / Cubre el lenguaje azul / De todo cuanto ardió,
por un instante / En el vuelo de la vida……
Acerca de la
muerte: En las tardes abandonadas / los
futuros suicidas / comprenden súbitamente sus desolados signos / Hay una gran
trizadura que espera / en las habitaciones más oscuras y solemnes
Acerca de la
inmensidad: Pongo dos estrellas / Dos
fragmentos de océanos rotos / Sobre mis ojos
¿Por qué la conocemos tan poco? Quizá para nosotros es solo un famoso apellido
que no puede decirnos: “Hey, yo también pertenezco a ella, a esta sólida poeta
vanguardista. A la profundidad de la pluma de esta mujer, amiga de Allen
Ginsberg y valorada por Rosamel del Valle cuando recién comenzaba a expresarse
en poesía”
En estos papeles quedo/ y queda el
amor que me alumbró/ que venga el tiempo con su otoño/ y desparrame mis hojas /
en la emoción del hombre/ o si no que venga el tiempo igual/ que haga polvo,
ceniza, aire mi decir…
Falleció en
2011 a los 84 años, sin haber regresado nunca a su desierto, donde comenzó a
escribir esa poesía que ella consideraba “invencible”.
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