Nuestras almas enlutadas
de soledades obtusas
paralelas
emergen de tanto en tanto
Puentes negados
Persisten
insisten
se cierran
Faroles soberbios, sin embargo,
se niegan a morir.
Nos reciben alrededor
como luciérnagas ciegas
Y,
perenne esperante,
ceciliamente enamorada
me niego, por supuesto,
a cantar semejante bolero.
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