Arica se está convirtiendo nuevamente para mi en el centro de actividades literarias valiosas e ineludibles.
No solo disfruté la invitación de Daniel para el Día del Libro, sino que ahora, Erna me agarra de un ala y me hace dejar tiradas mis obligaciones laborales para estar en Arica por un par de días inolvidables. (Sonríe pues Erna, si esto es un piropo).
Lo que suponía yo ser no más que homenajes que relevaran la existencia de dos artistas destacados, en realidad resultó un contundente momento para compartir literatura y reencontrarse con y encontrar a valiosos exponentes de la escritura de la región que los ariqueños denominan "tripartita".
Un delicado placer, los breves momentos de tertulia entre una actividad y otra, el estar juntos en un lenguaje común, los instantes de silencio, los paisajes compartidos, el significado de la tierra abierta, la renovación por la llovizna, la magia del mar...
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