25 May, 2010

Relato Breve

Era el colegio de monjas. Era esta niña a quien le gustaba sobre todo leer...y escribir a veces, claro. A los diez, a los trece, a los quince años y cuando no has ido a ninguna parte, son los libros el crucero que te lleva alrededor del mundo. Mundo maravilloso de corsarios y submarinos y puertos exóticos, de la mano con Stevenson, Emilio Salgari, Julio Verne, alrededor del mundo. Las profesoras de Historia y Literatura, ramos favoritos, incentivaban este sueño que retardaba el tener que enfrentarnos con la realidad.

Fue entonces, en quinto de humanidades cuando apareció el "profesor de Física". No había profesores varones en el colegio (que no usaran sotana), de manera que hubo bastante expectación ante su llegada... Casi se cursaron apuestas acerca de su apariencia, de su voz, de sus manos, que era lo que nos importaba a las chiquillas de los 60s. LLegó y resultó una especie de abuelo cincuentón, seriote, que nos miraba con franco temor desde su lugar en la tarima. ¡Nos temía! Qué cosa más extraña.

Ni siquiera recuerdo su nombre. Nos hizo clase por dos años. Tampoco recuerdo haber aprendido algo. Nunca entendí por qué si yo era la primera del curso. Bueno, sus clases, eran una sesión permanente de dictado. Dictaba. Dictaba. Desde un manoseado cuaderno que parecía tener mil años. Una vez, conversando con chicos del Grado Oficios de la Universidad Técnica a quienes les hacía clase también, supimos que era el mismo cuaderno del que dictaba para todos sus alumnos de todos y cada uno de los años que llevaba enseñando. Hubo quienes nos mostraron apuntes de sus padres o hermanos con las mismas palabras, fórmulas, esquemas, que nos habían sido dictadas.
¿Qué recuerdo de Física? Que Mecánica tiene que ver con el movimiento (pero que no te lleva a ninguna parte), que Termodinámica consiste en unas fórmulas atroces que hay que memorizar, y que Electricidad se refiere a unos "tubos catódicos" que tuvimos que explicar en una Exposición de Ciencias...

Metáfora

Aun con lo pedante que soy, debo confesar mi superior Ignorancia en el campo de la Física.
Ignorancia que me inspira deseos de saber, de conocer, de descubrir. Verbos estos que me regalan juventud y vida... Descubrir, conocer, saber... Poco a poco, suavemente, como en un crucero...

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