07 December, 2015

Alguna vez… Boleros ( OSVALDO MAYA )

Alguna vez ante un “bolero” de Cecilia Castillo, me detuve un momento a pensar. Quizás íntimamente repetía vivencias relegadas por el olvido, pues los acordes de un trío de guitarras, se intensificaban preludiando una armónica vocalización y al arrullo de su melodía, imaginaba las circunstancias de algo que, no sólo se aceptaba sino que hasta inducía a acompañarlo con un canto que, para el caso, parecía integrarse a la perfección a lo que interiormente era una certeza: “Hay que saber que la vida, se aleja y nos deja…”

Ocasión hubo en que hasta creí escuchar la versión propuesta por Cecilia para “Vereda tropical”. Joven, en una esquina de mi ciudad minera, con tenue iluminación y las primeras  ventoleras nocturnas, hasta mí llegaba, en perfecta alternancia, o un fragmento de la canción o una fría ráfaga: “Voy por... la noche… con su perfume…

Esos fragmentados compases eran suficientes. La memoria suplía lo que faltaba. La imaginación, aportaba lo suyo: allí estaba Gonzalo Curiel, el autor, Pedro Vargas, el cantante y… este humilde servidor. ¡Sí, sí, el bolero da para todo y la imaginación, también!

El libro concluye con “un cambalache” para honrar a Discépolo y es aquí donde se dan la mano el texto cantado y la poesía. En un mundo cuyas circunstancias se suceden consagrando su empeoramiento en desmedro de quienes menos tienen, es necesario mostrar ese lugar o situación de desorden y caos.

Los cambios tienen sus señas y si Discépolo las realzó en su tango, Cecilia recurre a Cambalache, Yira… yira, para estructurar su texto, en conformidad con el diario vivir del hombre actual. En el cruce de tan ricas ideas, surge una obra potenciada en su denuncia social. Su relectura, sorprende, pues otros textos de Discépolo gravitan en esa denuncia. Algunos son: Infamia, Cafetín de Buenos Aires y ¡Uno!, ambos escritos con Mariano Mores, Desencanto, ¡Chorra! y hasta su vals Sueño de juventud. Hubo grandes para estas cosas… Yo, “No puedo ser más vil, / ni puedo ser mejor…”

10 November, 2015

PLAYA PANTEÓN

Leo “Playa Panteón”, la tercera publicación de Juan José Podestá, joven nacido en Tocopilla, de raigambre iquiqueña, con las necesarias estadías en la capital para sus estudios de periodismo y literatura.

Por deformación profesional, me salta a la vista un uso de lenguaje impecable, pero que incluye neologismos y expresiones informales como cuática, sanguchería, cagás,  algún  anglicismo y aportes de esos que molestan a los puristas, como “escenaza”

Me gusta el “homenaje” al inquieto periodista Kurt Erich Suckert (de seudónimo Curzio Malaparte), y temo que el autor me diga “Oh no, es solo una coincidencia”.

La influencia estadounidense es evidente y está bien lograda, y no me refiero solo al cine y las notables acciones de venganza, sino en particular al “dirty realism”  de Raymond Carter y por supuesto a algunos ritmos de Jack Kerouac. ¿No habrá algo Tarantinesco por ahí también? 

Por otra parte, ya me había parecido interesante el guiño de otro escritor joven, Diego Zúñiga, a la historia de la oficina Chacabuco. Pero ahora, encuentro en Playa Panteón muchísimo más que referencias breves: veo compromiso (no le va a gustar la palabra) con esa  realidad nacional que no es de su tiempo, pero que rasga la generación anterior y salpica inevitablemente la propia. Ejemplos como estos pueden contradecir los temores de que el olvido que ataca nuestro país sea definitivo.

Me place ver en la narrativa de Podestá la presencia del mar, a ratos “pequeñas olas inquietas”, otras veces “mar asesino” que sirve además de tumba. El desierto, su contraparte, aparece también en cuanto ambiente y como símbolo. Simpática la descripción de comidas nortinas en la hilarante historia de Al Pacino y Jack Nicholson.


Esta lectura me hace confiar en que también en el siglo XXI tenemos una literatura nortina. Y, aunque a los viejos, que creemos saberlo todo, nos cueste aceptar el vocabulario explícito, el desenfado, la falta de respeto por las normas, ¿Por qué no leerlos?

20 July, 2015

DOS MANOS TENDIDAS

Deseamos justicia, igualdad, fraternidad. Porque debemos vivir sin estos valores y ser testigos cada día de que no están... Y el fracaso no siempre nos quita la esperanza, los sueños de que algún día esos raros regalos de la vida, enseñados en los evangelios y en otros libros de otras numerosas religiones lleguen a ser parte de las vidas de todos los humanos.

Deseamos que nuestros seres queridos nunca mueran, nunca se enfermen, nunca sufran, aun cuando sabemos que es inevitable.

Desearíamos tal vez vivir para siempre, o vivir una vejez permaneciendo lúcidos y autovalentes, acompañados y amados. Sin enfermarnos nunca, sin sentir dolor alguno.

Deseamos sol cuando hay lluvia, y lluvia cuando hay sol. Deseamos ir al campo cuando estamos en la playa. Y deseamos comer o beber lo que tenemos prohibido por salud.

Deseamos un poco de soledad personal cuando estamos abrumados por mucha gente y deseamos compañía cuando estamos solos.

Deseamos ser parte de un grupo de a dos, pero pronto comenzamos a añorar nuestra independencia y terminamos por seguir nuestro propio camino.

Sonreímos al despertar y a veces damos  gracias por la luz de un nuevo día. Otras veces enfurruñados caemos en la queja, en la derrota, en la desesperanza.

Y debemos vivir así, cada día, sin tener lo que deseamos y anhelando aprender a disfrutar de lo que nos llega como obsequio sin que lo hayamos buscado. No sabemos si merecemos lo que recibimos, ni tampoco agradecerlo o atesorarlo.

Qué bien lo dijera el poeta Ivo Serge: “Cuando es sincero el amor/ por los seres y las cosas/ todo camino es de rosas/ todos los días de sol/ Vida toma el corazón/y haz que mis vidas vividas / sean dos manos tendidas/ y abiertas siempre al amor”

¡ Cómo aprender a ser sabios para aceptar con alegría y agradecer eso, lo mejor de nuestra existencia: los gratuitos regalos de la vida !


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26 April, 2015

¿DÍA DEL LIBRO?

Creo que celebraría más bien el Día de la Lectura. La mayoría de los jóvenes de hoy leen en la pantalla. En la del computador o de la Tablet o del teléfono. ¿Y por qué no? ¿Qué importa el medio si lo importante es que accedan al material que les hará descubrir, crecer, pensar y sobre todo  disfrutar?

¿Por qué queremos los viejos que el mundo se detenga y que los niños y jóvenes revivan nuestras vidas? Quizá porque no podemos evitar que nos atrape la nostalgia. Porque resuenan en nuestro recuerdo las voces encerradas en El Lea, El Lector Chileno, El Peneca, Papelucho, Mampato, etcétera… Quizá porque  tuvimos esa pasión íntima y un tanto secreta por personajes, viajes, peligros, islas exóticas….

Y nos preguntamos si será que aun hoy viven guardados en corazones juveniles “héroes” equivalentes a Sandokán, el Conde de Montecristo, Alicia, Martín Rivas, Pedro Urdemales, Don Camilo, Garrone y Coretti, Demian, John Silver el Largo, Tom Sawyer, y tantos otros….
Quizá se encogerán de hombros al oír estos nombres tan desconocidos para ellos. Sin embargo ¿será suficiente motivo para afirmar que “los jóvenes ya no leen”?

Quizá “Lo” que leen es diferente: Harry Potter en lugar de Papelucho, todo lo que encuentran acerca de vampiros o “muertos vivos”, Juego de Tronos, Juegos del hambre, Crepúsculo, y también Blogs de temas que les interesan…

“¿De qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos? Preguntó Alicia”, quien tenía un “gusto” diferente, y que me recuerda que también hay niños y jóvenes adictos a los Comics y para quienes la imagen es hermana de las letras.

Cuando escucho a un padre o a un profesor decir que “los jóvenes ya no leen”, no puedo menos que tener la insolencia de preguntar: “Y tú, ¿Qué estás leyendo?”. Claro, porque si ven llegar a clase al o la profe con un libro en la mano,  o si en su casa los adultos tienen el libro en el velador y lo abren de tanto en tanto, quizá habrá alguna validación y (ojalá) imitación de tan entretenida y feliz actividad.

07 March, 2015

RAQUEL JODOROWSKY PRULLANSKY


“…Quiero volver a Atacama, donde nací, es un deseo de cerrar un anillo de poder” dijo la poeta un par de años antes de su muerte.

Dicen que nació en Iquique un día de febrero, pero fue criada en Tocopilla. Creció allí con su hermano menor, quien se convertiría en alguien famosísimo.

Con una beca para la Universidad de San Marcos, Raquel, casi una adolescente, se trasladó al Perú, donde residió por el resto de su vida. Llegó con su primer libro, “La dimensión de los días” publicado en Chile, y que posteriormente sería reeditado en Lima.

Ya cuando adulta, no tuvo contacto con su hermano. De ella, él diría: “en sus versos danzaban las piedras, hablaban los metales, cantaban las capas geológicas, revivían los dioses incas, aztecas, mayas”.

Raquel escribía también acerca del olvido: Hoy salen de la nube del alma / Mares y lápidas, bocas quebradas / Y trampas de sol / La hierba roja del olvido / Cubre el lenguaje azul / De todo cuanto ardió, por un instante / En el vuelo de la vida……

Acerca de la muerte: En las tardes abandonadas / los futuros suicidas / comprenden súbitamente sus desolados signos / Hay una gran trizadura que espera / en las habitaciones más oscuras y solemnes
Acerca de la inmensidad: Pongo dos estrellas / Dos fragmentos de océanos rotos / Sobre mis ojos

¿Por qué la conocemos tan poco? Quizá para nosotros es solo un famoso apellido que no puede decirnos: “Hey, yo también pertenezco a ella, a esta sólida poeta vanguardista. A la profundidad de la pluma de esta mujer, amiga de Allen Ginsberg y valorada por Rosamel del Valle cuando recién comenzaba a expresarse en poesía”

En estos papeles quedo/ y queda el amor que me alumbró/ que venga el tiempo con su otoño/ y desparrame mis hojas / en la emoción del hombre/ o si no que venga el tiempo igual/ que haga polvo, ceniza, aire mi decir…

Falleció en 2011 a los 84 años, sin haber regresado nunca a su desierto, donde comenzó a escribir esa poesía que ella consideraba “invencible”.