31 May, 2011

Homenaje a Sergei Esenin y su poema "Carta a una Mujer"

Cuando leí este poema de Sergei Esenin, recordé las palabras de Jorge Teillier “en los días que vivimos es un poeta nuestro”. Luego de leer varias traducciones, aun me entristece que tengamos que perder la musicalidad que reportan los afortunados que lo leyeron en su lengua natal. Pero, además, me llamó la atención que, a diferencia de tono y tema de sus poemas revolucionarios y sus tempranos poemas “de la aldea” llenos de dulzura y melancolía, este poema está dedicado a una mujer a quien Esenin reclama por no haberlo comprendido cuando se encontraba sumergido en las angustias y dolores de la lucha de su pueblo.

Me sentí un poco en la piel de esa mujer. Porque las mujeres hacemos eso: enamorarnos de hombres de grandes ideales y de ideales luchas. Y nos sentimos dispuestas a sacrificar todo porque logren sus propósitos. Y juramos que les daremos la libertad que necesiten y que esperaremos aplaudiéndolos y sosteniéndolos sin exigir nada. Pero claro, ocurre que un día, o muchos días nos caemos a la queja y al reproche y terminamos por querer cortar las alas de aquel amado a quien nosotras mismas hemos impulsado a volar…

Sin embargo, ese amado, quizá porque hombre, no comprende que la queja y el regaño y la exigencia son meros gestos para salvar cara o ansias de poseerlos en tanto objetos de deseo. (Claro, porque una mujer que ama a un hombre así, consecuente, idealista, soñador, es una mujer potente y sólida que sabe ser también sujeto de deseo).

Terminé entonces por permitirme escribir una respuesta a esa hermosa carta, inusual carta de amor y valoración de esa su compañera…




RESPUESTA DE UNA MUJER

Usted no se acuerda, Sergei.
Usted, claro, de minucias no se acuerda.
Cuando arrodillada yo,
junto a su lecho,
posaba una y otra vez
paños fríos en su frente.
Sufría usted, claro, de esas fiebres agobiantes.
De las que no se sufren, naturalmente,
por una simple mujer.
Se sufren por el dolor universal.

Querido:
Usted no me amaba.
Cómo pudo si no, ignorar que yo,
junto a usted en el gentío
comprendía perfectamente lo que se avecinaba.
Usted recuerda mi angustia, dice.

Mi angustia de
muchacha pobre
de ojos cansados y espalda fiera.

Me recuerda, dice, en su carta,
y le complace comunicarme que
no rodó por la pendiente.

Que ahora no me haría sufrir
como entonces.
Querido:
Tampoco me ama usted hoy.
Usted aún no me conoce.
Dice que no soy la de ayer
y que usted a mí no hace la menor falta.

Pobre amigo mío
que jamás me olvida,
que jamás olvida.
Que sigue dispuesto,
por la Causa,
a ir al fin del mundo.

Pero, querido, usted,
no sabe nada.
No sabe que lo perdoné enseguida
y
que lo necesito con demencia.
Que sigo, cada noche,
caminando por la estancia
mientras lo riño -
a usted a la pared
pegado - lo riño.
Lo riño y le suplico,
le suplico
que me permita
rodar con usted
por la pendiente.

Cecilia Castillo

ESTE ES EL POEMA DE SERGEI ESENIN, EN TRADUCCIÓN DE JOSÉ SANTACREU

CARTA A UNA MUJER

Usted se acuerda,
usted, claro, de todo se acuerda,
cuando andaba nerviosa
por la estancia
- yo a la pared pegado –
y me reñía
con acerbas palabras.

Decía usted
que había llegado
la hora de separarnos,
que a causa de mis locuras
sufría mucho,
que iba a dedicarse a sus cosas,
y que yo estaba condenado
a rodar por la pendiente.

Querida:
Usted no me amaba.
Ignoraba que entre el gentío
era yo cual caballo espumeante,
espoleado por audaz jinete.
Ignoraba
que entre aquella humareda,
en la fosca tormenta de la vida
sufría yo, sin comprender
lo que se avecinaba.
De cara a cara
no se ve el rostro.
Lo grande se ve a distancia.
Cuando el mar se encrespa,
corren riesgo las naves.
¡Y de pronto
se convirtió la tierra
en una nave!
Alguien
empuñó majestuoso el timón
rumbo a la nueva vida prodigiosa
por entre vendavales y tormentas.
¿Quién no se cayó en la cubierta?
¿Quién no vomitó y no maldijo?
Pocos hubo que no se mareasen,
que venciesen aquel torbellino.
Entonces
entre un clamor salvaje,
sabiendo bien lo que me hacía
bajé a la bodega
para no ver vomitar a la gente.
Aquella bodega
era eso: la taberna.
Yo me entregué al vino
para no padecer por nadie
y hundirme
en la embriaguez.
Querida:
La hice sufrir, es cierto.
En sus cansados ojos
se asomaba la pena
al ver que yo, ostentosamente,
me consumía en escándalos diarios.
Pero usted ignoraba
que entre aquella humareda,
en la fosca tormenta de la vida,
sufría yo,
sin comprender
lo que se avecinaba…
·································
Han pasado los años.
Mi edad es ya otra.
Ahora pienso de distinto modo.
Ahora brindo en los días de fiesta
por el gran timonel.
Me embargan hoy
amables sentimientos.
Al recordar su angustia
quiero apresurarme
a decirle
lo que fui antes,
lo que soy ahora.
Querida:
Me complace comunicarle
que no rodé por la pendiente.
Vivo en el Territorio Soviético
como el más entusiasta adherente.
No soy ya
el de antes.
Ahora no la haría sufrir
como entonces.
Tras la bandera de la libertad
y del trabajo luminoso,
estoy dispuesto a ir
al fin del mundo.
Perdóneme…
Sé que usted no es la de ayer.
Ahora vive
con un marido serio, inteligente.
A usted no le hacen falta
nuestros duros quehaceres,
y yo tampoco
le hago la menor falta.
Viva bajo
el signo de su estrella,
bajo su mansión renovada.

La saluda su amigo
que jamás la olvida,


Serguéi Esenin

30 April, 2011

Última advertencia


































THIS IS THE LAST WARNING !

A mi también me advierten
que no habría que hablar acerca de la muerte
(y menos en un poema, qué quieres que te diga)

Pero la muerte a mi se me encarama
(sí, ya sé que ya lo dijo Oscar Hahn pero no importa)
y se me mete también por todos los poros
(qué le vamos a ser si la muerte para mi es masculina)
y esa muerte que quiere seducirme poseerme y atraparme
es tan terriblemente masculina y atractiva y misteriosa,
sobre todo misteriosa…
que siento unas ganas que no te explico de perderme entre sus brazos y
permitirle que me haga suya, toda suya.
………….
Ahora bien, si estas mis palabras te han producido un feroz ramalazo
de celos
o, aunque sea, un breve escozor de celos,
pero celos de mi, al fin y al cabo…
Hazme, por favor,
una proposición
o una propuesta, aunque más no sea,
que me resulte imposible de rechazar
y que me permita, acurrucada, enredada en
las trampas de tus ojos y tus piernas,
hacerle un taimado desprecio a esa muerte que me ronda…

17 April, 2011

Nostalgia

Un ser querido muy joven y con aspecto de príncipe encantado y ojos de luz me escribe desde tiempo y espacio lejano. Entre otras cosas dice:

"Hoy desperté con algo de nostalgia por Iquique, por el sonido de las olas y el ruido de las aves cuando uno caminaba por las orillas de Cavancha. Extraño un poco la fría brisa marina de la tarde y cuando la "camanchaca" se robaba los cerros que se veían desde la puerta de mi casa."


Por otra parte mi hermano pregunta "¿Acaso Iquique necesita más atractivos?"
Y mi amigo Manu asegura que ama el mar porque nació en la montaña.Dice: "Me das envidia, porque escuchas las olas del mar como yo el viento de otros tiempos. Aquí en las noches yo sólo escucho los ruidos de la ciudad, aunque por eso no me quejo. Pero no sé lo que es escuchar las olas mientras estoy en mi cama".
Entonces hoy me cuesta dormir sintiéndome privilegiada y regalada por el olor a mar y el ruido de olas que me arrulla cada noche en medio de un silencio admirable...
Cuando otros añoran este paisaje es que siento que tengo un tesoro que me alivia el corazón cansado y viejo.
Nostalgia se llama eso Alejandro, claro que sí, pero es cosa de ancianos no de jovencísimos como tú...




20 February, 2011

TODOS LOS SUEÑOS EN EL ANDÉN



















Tengo un amigo que acostumbra conversar bajo las estrellas. Quizá porque quisiera apagarlas, a veces. Pero no, ellas son sus preferidas ante una luna que se quiebra y ese sol que amenaza con extinguirse. Él vive en ese río de estrellas.

Este es un hombre para quien la amistad es masculina. ¿Cómo lo sé? Creo que eso se proyecta, aunque no lo quiera como autor, en cada una de sus historias: desde la receptividad hermanable y de corazón abierto en “El barco varado” en un recorrido largo y significativo que alcanza su punto máximo cuando “conversa bajo las estrellas” con esa sólida ternura que es a la vez fuerza y reciedumbre.

Y puedo vislumbrar que la mujer, para este narrador, no es objeto de fraternidad sino de admiración, de maravilla, de disfrute de ojos y de piel, incluso en la lejanía o en los recuerdos…”Él dirige su primera mirada hacia ella pensando que se quedará ciego de tanto mirarla…” “…antes de besarla, despacio, muy despacio, la habitación se ha llenado de una infinidad de colores”. “…dibujé su cuerpo juvenil, imaginé sus dedos, con esa extenuación extrema, que la hacía mucho más delicada…”

Este es un hombre que sueña y sabe soñar corazones de mujer penetrando en sus anhelos “En las tardes de luna [de nuevo la luna] se enferma de nostalgias, la contagia de soledades e invocaciones, desairando su porvenir, emergiendo en su voz un grito y busca con la mirada a un hombre que la ame en una noche fugaz, furtiva, pero no lo consigue. Es demasiado exigente”.

Tengo un amigo que sabe sonreír a pesar de que también se duele y se conduele. Como cuando me advierte: “Al nombrar lo malo empieza a aceptarse y desde el momento en que lo aceptas ya no te abandona”…porque quizá hasta siempre en estas patrias del sur vamos a estar sufriendo con la herencia de dolor y horror que nos marcara hace varias décadas. Porque no siempre podemos comprender o aceptar “la diferencia entre estar y sentirse” puesto que el sentimiento está vivo en esta “Tristeza a orilla de la noche”. Y, al mismo tiempo, sangramos en el esfuerzo de que nuestros hijos y nietos no olviden, para que se conserven en su memoria y en la historia nuestros hermanos víctimas y mártires.

Tengo este amigo que escribe y describe su entorno en la magia de los breves valles de este norte verde. Los muestra desde el paisaje y desde las almas. Pero, lo que más me gusta es escuchar el cómo los relata, con esa intensidad y gracia del que siente en su voz cada palabra. Y entonces esas narraciones me llaman con fragancia de fruta y flor porque es el paisaje y un poco la remembranza de mi infancia y breve adolescencia.

Gracias, amigo Luis, por los sueños y los andenes...

04 December, 2010

CAMANCHACA (QUE NO DEJA VER LAS ESTRELLAS)












¿Qué es la camanchaca? Alguien me dijo un día ¿por qué camanchaca? ¡Si es neblina como cualquier otra neblina!...Bueno, quien ha atravesado el desierto con camanchaca sabe muy bien que es algo más que la neblina.

Hay un cuento de Eduardo Barrios que se llama Camanchaca. Magistral, por cierto, y que tiene lugar precisamente en esta extensa pampa relatando un viaje a caballo entre una y otra oficina salitrera.

Otro cuento, de principios del siglo pasado, escrito por un estadounidense, y que se llama Fog, también se refiere a la pampa salitrera y por las sorpresas que proporciona al protagonista esta fog, creo que no habría manera mejor de traducir este término al castellano sino como camanchaca.

Pero, he aquí que este año me presentan a un novel escritor iquiqueño, Diego Zúñiga, que ha escrito una novela llamada Camanchaca.

El nombre me atrae de tal manera que sin dudar leería cualquier cosa que tuviera ese título.

Con agrado y algo de sorpresa descubro que es esta una novela que soporta y amerita varias lecturas; en el sentido wildeano: “Un libro que no merece ser leído más de una vez, no vale la pena leerlo en absoluto”

Descubro, antes que nada, un Iquique que no es necesariamente el mío; el que me obligó a quedarme aquí y el que me ata. Sin embargo, sí es la ciudad de mis hijos y naturalmente, el lugar donde comienzo a envejecer. Solo que en esta novela hay detalles en los que no había reparado ya que está el barrio El Morro mirado no desde Covadonga o Pedro Lagos , sino desde más allá, desde los edificios de la Remodelación, y también desde las aves, el mar, el béisbol….

Referencias culturales interesantes que todo iquiqueño comprende pero que un afuerino tarda en captar, como decir que una mujer “se para en Thomson” para insultarla tratándola de prostituta sin mencionar la palabra interdicta. Otras interesantes referencias son: la de los automóviles llegados por Zofri, la aparición del riesgo en la vida de los jóvenes en la figura de “los pungas”, la señalética de tsunami y que, aunque no la miremos, sabemos, que ha estado por años entre nosotros avisando una amenaza latente.

Esta ciudad, objeto de estudios sociológicos y presente en abundante literatura, sin duda se refleja en estas páginas a ojo avizor juvenil, de manera nueva, diferente , que devela características muy especiales, como la actitud de estos Testigos de Jehová que le rezan a la Virgen María… Iquiqueñeces, tal vez. ..

¿Qué oculta, qué vela esta camanchaca? ¿Será una neblina poblada de silencios? Terribles los silencios en esta novela. La fuerza de “lo no dicho”. Terribles las barreras que ocultan los secretos y dolores de almas.

Cobra vida también el silencio en el rechazo del joven protagonista por conocer el pasado de su país. El padre trata de contarle la historia de la oficina Chacabuco, que sirviera de campo de concentración durante la dictadura. El hijo se pone los audífonos y se rehúsa a escuchar. Para él “las casas se confunden con el desierto”. Sordera personal ¿o etárea? ¿o generacional? ante la historia de las generaciones anteriores. ¿Será quizá producto de una saturación por escuchar reiteradamente el tema de la memoria en la generación anterior? ¿Será que aun está vivo el miedo de manera soterrada pero presente y efectivo? ¿Será que los arquitectos del olvido colectivo tuvieron éxito en su tarea?.

Sin embargo, el protagonista hace un claro y gran esfuerzo por derribar la barrera de silencio de la madre. Ella es la poseedora de la verdad. “La que conoce”, en un sentido foucaultiano, pero también es una niña que necesita ser contenida y consolada. Es una mujer centrada en sí misma y en sus culpas, sus rencores y remordimientos, todos velados, ocultos tras la camanchaca. Las “entrevistas” realizadas por el hijo, y que semejan interrogatorios policiales, parecen redimir a esta mujer-niña, pero no la limpian, no la hacen crecer ni le devuelven la maternidad. Llama la atención lo incómoda que es la cercanía física entre hijo y madre, tan ambivalente y riesgosa; difícil de digerir. Porque, a pesar de todo, hay comunicación, aun cuando lograda a través de “entrevistas” y conversaciones a oscuras.

La relación con el padre sin embargo conlleva una cercanía corporal cómoda, clara, sin recovecos. El joven se acuesta al lado de su padre a mirar televisión y se duerme, por ejemplo. No obstante, esta es una cercanía con audífonos (tras la camanchaca).

Le creo a Walter Fisher cuando dice que nos comunicamos en nuestras narraciones. Y que somos animales contadores de historias. Y que no necesariamente adherimos a la verdad o a lo factual sino a lo que nos hace sentido. Lo veo en esta interesante novela y también en nuestra vida real.

En la fragmentación que ha vivido nuestro país y que subsistirá aun por muchos años, cuesta mucho que quienes estamos en el mundo de las letras como escritores o como lectores nos leamos intergeneracionalmente. Al viejo le molesta la escritura con sabor a Bolaño. Al joven le asquea la escritura con sabor añejo. Y así como no logramos encontrarnos en la escena social de nuestro país, tampoco nos encontramos en la literatura. Lamentable. Que quienes debiéramos tender los puentes en la palabra, permanezcamos atrincherados criticando y desmereciendo.
¿Será que los jóvenes se cubren los oídos con audífonos para no escuchar nuestros discursos, no solo por repetidos, sino también por inconsecuentes?

¿Será que los viejos debemos comenzar a leer a los jóvenes y a admitir que también en ellos podemos encontrar calidad y congruencia, interrogantes y desafíos?

Este joven autor no solo me ha impresionado y satisfecho con la calidad de su trabajo, digno naturalmente de ser criticado por los especialistas en teoría literaria, lo que yo no soy, sino que además me ha conmovido ( en el sentido de “mover fuertemente o con eficacia” RAE), y es por esto que me deja con varias interrogantes que desearía compartir con quienes coincidimos no solo en la cantidad de años sino también en la responsabilidad de nuestra condición de testigos de las quebraduras de nuestra sociedad chilena o latinoamericana y, cómo no, también en la inminencia de nuestra pronta partida.

Por lo tanto, señor Diego Zúñiga: Adelante: The floor is yours…

02 December, 2010

HORIZONTE Y SU ESTALLIDO



De la abundante producción literaria del poeta iquiqueño Alberto Carrizo, el libro que prefiero es, lejos, El Horizonte y su Estallido.

La historia de este poemario es una historia romántica (en el mejor sentido de lo romántico). Fue impreso en 1972 en la Editorial Santa María de Tacna. Trae un comentario de Gonzalo Drago, muy pertinente y por supuesto con la plusvalía que le dan las ilustraciones de ese gran artista, apenas reconocido en nuestro país, Guillermo Deisler.

A fines de los 60s, plena efervescencia de idealismos, esperanza en un mañana luminoso, con la justicia y la igualdad como metas, Alberto Carrizo Olivares también escribe acerca de la matanza de la Escuela Santa María (tema del que tanto se habló en 2007 pero no sé cuánto se leyó).

Este es el poema:

21 DE DICIEMBRE DE 1907

A los mártires de la
Escuela “Santa María”
de Iquique.

Sábado cúspide
sobre la que dormita
fatiga,
sábado
día de tregua;
la sonrisa es una tristeza distinta
pero es sonrisa.
Sábado.
Quince horas y treinta:
la tarde es una tranquila mesa
y una taza de té con limón;

los hijos son moléculas de azúcar,
endulzan los días,
hora de tregua.

Quince horas y treinta.
Sábado, quince horas y treinta:
tres ráfagas, voracidad del odio
para la multitud petrificada;
tres cargas amenazando voces; apretados dientes,
vientres secos, espaldas duras, partidas cejas,
llagas rotas disecándose en segundos;
muerte muerte muerte para la clase obrera:
descansa la vida, la muerte trabaja aquel sábado
la muerte y el llanto apagado de mujeres y niños.

Sábado:
hoja desparramada con su noticia negra;
sólo trece palabras:
-“un peso vale un pan y sólo
ganamos tres pesos”.
¿Qué comeremos mañana?”
Trece palabras
y treinta mil cuerpos cubriendo
con cantos de hambre
cansada de ser tanta hambre,
las calles de Iquique;
cada carreta
es un largo quejido sin rueda
atando la muerte a su madera;
Sábado:
¡día de tregua!
y entierran en un subterráneo
de escuela inocente
a tantos caídos.
Quince horas y treinta:
la tarde es una taza quebrada.

Sábado
quince horas y treinta.
Trece palabras.
Treinta mil cuerpos huyendo.

¿Quién se atreve a contar a los muertos?

“Santa María” : ruega por ellos
y su pedazo de pan
en esta hora
de
muerte.


En primera lectura me llama la atención el cómo en este texto sólo las víctimas están presentes en su condición de seres humanos: “mujeres y niños”, “voces”, “apretados dientes”, “espaldas duras”, “llagas rotas”. Aparentemente son más especie humana que individuos: multitud petrificada, caídos, treinta mil cuerpos. Pero, cuidado, que no despersonalizados (no puedo evitar pensar en “Masa” de César Vallejo); multitud ¿puede ser uno?

Mi interpelación al texto es ¿dónde están los verdugos? porque no se mencionan de manera explícita. No obstante las referencias:

Tres cargas ametrallando voces
Tres ráfagas, voracidad del odio

sugieren el sentir del hablante y el contenido de la narración. ¿No están porque no merecen ser considerados humanos? ¿No están porque asquean? ¿Porque merecen desprecio?

Recordemos que hay documentos que prueban que la matanza de los obreros no fue una situación fortuita ni provocada por las víctimas ni la reacción repentina de algún oficial, sino un hecho planificado y previsto por autoridades locales y nacionales.

Esto que actualmente puede ser puesto en duda por quienes para todo buscan consenso, en la época en que se escribió este poemario era un hecho conocido y aceptado en Iquique.

Pero quiero decir que no logro separar al hablante del poeta en todo este libro, puesto que conozco su sensibilidad y su trayectoria de hombre político antes de 1973. No puedo dudar de su íntimo dolor y su intención de denuncia social.

Su verbo me comunica más dolor que odio. Más tristeza que impotencia:

“cada carreta
es un largo quejido sin rueda
atando la muerte a su madera;”

Uno de los poemas de este libro se titula “Pero de todos modos el hombre amaba”, que es como decir “pero la vida continúa”.

En otros, la mayoría, su palabra es testigo de lo sufrido y vivido:

“ para que nadie confunda
con un antojo de los hombres
los desamparados cementerios de madera
y sus cruces con el largo exacto
de un gemido,
allí están los ripios:
altiplanicies del dolor petrificado
mesetas donde podría encontrarse
el remoto origen de una lágrima,
tumbas del pasado,
tortas del único pan que consumieron
los obreros
cuando tuvo el horizonte su estallido..”

porque es también intérprete de una vida que no alcanzó a ser la suya pero que está presente en el Iquique de los 60s:

“Salgo a buscar
a explicarme donde las salitreras
donde quedaron;
salgo a buscar en el desierto…”

En una época en que las vivencias del obrero pampino todavía no eran frivolizadas en una telenovela o en alguna literatura:

“Me ahogan las sacudidas
de la ventisca en el magro pimiento
veo cabezas de niños
inmóviles….”

Habrá quienes busquen evaluaciones o clasificaciones para este tipo de poesía. Habrá quienes digan que no es poesía. ¿Qué decir? Testimonio, vivencia, sentires, proyecciones, humanidad, todo como parte de una obra artística...y humana. Profundamente humana.

28 November, 2010

GABRIELA MISTRAL. DESDE SU TERRUÑIDAD A LA ACCIÓN POLÍTICA



Una vez, una de mis hijas fue reprendida por su profesora de Lengua castellana por decir que su madre había conocido a Gabriela Mistral. En persona.

Y bueno, qué injusto. Yo sí conocí a Gabriela Mistral. Y, lo más importante es que ella me conoció a mí. Me vio, en el estadio de La Serena, junto a otras niñitas, cientos de niñitas en delantal almidonado, cintas en el pelo y una banderita chilena en la mano.

Un enorme automóvil negro ingresó a la cancha misma y de él bajó Gabriela Mistral.
Después hube de conocer a Gabriela Mistral como la mayoría de los chilenos. Es decir a través de una poesía bella pero dulzona y casi insulsa para oídos jóvenes.

Al correr de los años he llegado a pensar que mantenernos en la ignorancia acerca de la verdadera Gabriela Mistral ha sido una actitud intencionada de parte de quienes han manejado lo que es educación en este país…

Porque pareciera que esto se ha repetido con cada uno de nuestros poetas mayores. Sería interesante hacer una encuesta a profesores de lengua castellana y preguntarles cuántos de ellos en su formación universitaria tuvieron la oportunidad de leer y estudiar el teatro y la prosa que escribiera Pablo Neruda, o las novelas y el teatro de Vicente Huidobro.

Peor ha sido con Gabriela Mistral. Ojalá la cantidad de papel y tinta que se ha gastado en hablar acerca de Gabriela Mistral especulando sobre su vida personal se hubiese utilizado para publicar profusamente su prosa para ser leída por todos los chilenos.

Porque, ¿cuántos hemos leído “El Grito”, o “Menos cóndor y más Huemul”, o sus famosos “recados”, entre tantas otras obras?

Tal vez ocurren estos aparentes descuidos porque el poeta, en este caso la poeta, es un ser muy peligroso. Peligroso porque no solo anuncia sino también devela y denuncia. Además profetisa.

¿Y a qué emperador le gusta que le digan en público que está desnudo?

La profesora Marie Lise Gazarian Gautier califica la prosa de Mistral como “una verdadera joya desconocida”. Otros han aplicado a Gabriela lo que se dijese de Paul Valery “que si su poesía era de oro, su prosa fue de diamante”

Y, si en la poesía de Gabriela descubrimos su terruñidad (no confundir con terruñismo que sería todo lo contrario), en su prosa, poética o no, intencionada o no, se refleja su profundo sentido social, su sensibilidad ante el dolor de los demás, su amor al ser humano, su necesidad terrible de “hacer algo”. Lo que yo he venido a llamar insolentemente, su acción política.

Cuando se proviene de un pequeño valle, llámese Elqui, llámese Limarí, se crece protegida entre montañas amigables escuchando el canto de aguas que corren breves e indómitas cumbre abajo. Cuando se proviene de un lugar pequeño donde todos se conocen y una conoce cada sauce, cada algarrobo, cada ovejita y cada pajarillo, una sabe de donde viene. Está conectada con su raíz. Conoce su tierra y mete las manos en ella y se alimenta de ella.

En Gabriela Mistral, esta tierra, en su enorme corazón, se agranda hasta abarcar su Hispanoamérica, o más bien, su Latinoamérica. No olvidemos su relación con el Brasil. Y por este terruño es que llora y vela.

Por eso ella interpela a los maestros, a los artistas, a periodistas, a industriales:
“Maestro: enseña en tu clase el sueño de Bolívar, el vidente primero. Clávalo en el alma de tus discípulos con agudo garfio de convencimiento. Divulga la América, su Bello, su Sarmiento, su Lastarria, su Martí. No seas un ebrio de Europa, un embriagado de lo lejano, por lejano extraño, y además caduco, de hermosa caduquez fatal.”

“Industrial: Ayúdanos tú a vencer, o siquiera a detener la invasión que llaman inofensiva y que es fatal, de la América rubia que quiere vendérnoslo todo, poblarnos los campos y las ciudades de sus maquinarias, sus telas, hasta de lo que tenemos y no sabemos explotar. Instruye a tu obrero, instruye a tus químicos y a tus ingenieros. Industrial: tú deberías ser el jefe de esta cruzada que abandonas a los idealistas.”

Se autocalifica de realista: “las mujeres somos así, más realistas de lo que nos imaginan” . Yo agregaría su capacidad de ver, sin pajita en el ojo, la realidad. Ella asume como grave lo que está ocurriendo con Estados Unidos (la América rubia) en sus intervenciones en nuestra América.

Sin embargo no hay una promoción del odio o la queja contra el enemigo. Por el contrario, es claro el llamado a nosotros latinoamericanos a hacernos cargo de nuestro presente y futuro. A corregir nuestra propia plana y a no victimizarnos. Tiene claro que la victimización paraliza.

“¿Odio al yankee? ¡No! Nos está venciendo, nos está arrollando por culpa nuestra, por nuestra languidez tórrida, por nuestro fatalismo indio. Nos está disgregando por obra de algunas de sus virtudes y de todos nuestros vicios raciales. ¿Por qué le odiaríamos? Que odiemos lo que en nosotros nos hace vulnerables a su clavo de acero y de oro: a su voluntad y a su opulencia.

Dirijamos toda la actividad como una flecha hacia este futuro ineludible: la América Española una, unificada por dos cosas estupendas: la lengua que le dio Dios y el Dolor que da el Norte.”

Pero cuando hablo de su acción política, no hablo solo de la acción escritural de la poeta, de su testimonio en papel y tinta, de sus cartas a los amigos y corresponsales.

De su vida misma podemos considerar como muestra dos momentos ejemplares y no sé si tan conocidos o sabidos.

Entiendo que la señora Presidenta Bachelet ha citado el primero de ellos:
Uno de esos días de post guerra (de la Segunda Guerra), nuestra poeta, en su calidad de escritora premiada, es recibida en Washington por el presidente del imperio.

Volodia Teitelboim documenta el testimonio del intérprete:
«[...] Truman siguió. 'La felicito por el Premio Nobel'. Gabriela contestó: 'Muchas gracias, señor Presidente'. Truman continuó: '¿Le gusta Washington?'. Ella le dijo: 'Sí, mucho'. Yo comencé a darme cuenta que mi labor se estaba poniendo no fácil sino trivial, hasta que Gabriela, como ella acostumbra, quiso trascender lo convencional con un gran estallido. Y Gabriela dijo: 'Señor Presidente, ¿no le parece una vergüenza que siga gobernando en la República Dominicana un dictador tan cruel y sanguinario como Trujillo?'. Truman, por supuesto, no contestó, limitándose a una ancha sonrisa.”

En Luis Vitale leemos que Gabriela postula casi con amargura:

“Voy convenciéndome de que caminan sobre la América vertiginosamente tiempos en que ya no digo las mujeres, sino los niños también han de tener que hablar de política, porque política vendrá a ser (perversa política) la entrega de la riqueza de nuestros pueblos; el latifundio de puños cerrados que impide una decorosa y salvadora división del suelo; la escuela vieja que no da oficio al niño pobre y da al profesional a medias su especialidad; el jacobismo avinagrado, de puro añejo, que niega la libertad de cultos que conocen los países limpios, las influencias extranjeras que ya se desnudan con un absoluto impudor sobre nuestros gobernantes…”

Esto, en referencia a la defensa comprometida que hace Gabriela Mistral del patriota Augusto César Sandino, líder de la resistencia de Nicaragua contra el ejército de ocupación estadounidense. Continúa…

“Los hispanizantes políticos que ayudan a Nicaragua desde su escritorio o desde un Club de estudiantes harían cosa más honesta yendo a ayudar al hombre heroico, héroe legítimo, como tal vez no les toque ver otro, haciéndose sus soldados rasos. Cuando menos, si a pesar de sus arrestos verbales, no quieren hacerle el préstamo de sí mismo, debería ir haciendo una colecta continental para dar testimonio visible de que les importa la suerte de este pequeño ejército loco de voluntad y de sacrificio. Nunca los dólares, los sucres y los bolívares suramericanos, que se gastan tan fluvialmente en sensualidades capitalinas, estarían mejor donados. Sandino no ha visto llegar hasta hoy los mozos argentinos, chilenos, ecuatorianos, que son su misma carne y que le deben una lealtad temeraria y perfecta que sólo la juventud puede dar. ¿Dónde está la naturalísima, la lógica Legión Hispanoamericana de Nicaragua?”

“ El General Sandino carga sobre sus hombros vigorosos de hombre rústico con su espada viril de herrero o forjador, con la honra de todos nosotros”

Así, Gabriela escribe y escribe en defensa de este hispanoamericano, acusando, reclamando a “Mr. Hoover” y sin cansarse.

Su denominación de “este pequeño ejército loco” va a ser adoptada con emoción y orgullo por los sandinistas que en la segunda mitad del siglo XX enfrentarán a Somoza.

Y en esta apasionada identificación de Gabriela Mistral con el pueblo nicaragüense, en pasión tremenda, no deja de ser poeta. Y dice:

“Tal vez caiga ahora esa cabeza sin peinar que trae locas las cabezas acepilladas de los marinos ocupantes”.

Mientras más prosa de Mistral leo, más la veo a ella como la mujer que habla desde la mujer. No desde lo femenino ni lo burgués. Sino de la mujer sin melindres que tiene que arremangarse y enfrentar lo que viene y procurar el abrigo y alimento a los suyos sin permitir que dejen los suyos de soñar o de mirar el horizonte.

No me enamora la poeta. Me inclino ante la intelectual, la líder, la vocera.

Me impulsa a sentir y llamarme hispanoamericana y en lo chilena postular junto con ella que tengamos “menos cóndor y más huemul”
“El maestro de escuela explica a sus niños: "El cóndor significa el dominio de una raza fuerte; enseña el orgullo justo del fuerte. Su vuelo es una de las cosas más felices de la tierra".
… …
Me quedo con ese ciervo, que, para ser más original, ni siquiera tiene la arboladura córnea; con el huemul no explicado por los pedagogos, y del que yo diría a los niños, más o menos: "El huemul es una bestezuela sensible y menuda; tiene parentesco con la gacela, lo cual es estar emparentado con lo perfecto. Su fuerza está en su agilidad. Lo defiende la finura de sus sentidos: el oído delicado, el ojo de agua atenta, el olfato agudo. El, como los ciervos, se salva a menudo sin combate, con la inteligencia, que se le vuelve un poder inefable. Delgado y palpitante su hocico, la mirada verdosa de recoger el bosque circundante; el cuello del dibujo más puro, los costados movidos de aliento, la pezuña dura, como de plata. En él se olvida la bestia, porque llega a parecer un motivo floral. Vive en la luz verde de los matorrales y tiene algo de la luz en su rapidez de flecha".
El huemul quiere decir la sensibilidad de una raza: sentidos finos, inteligencia vigilante, gracia. Y todo eso es defensa, espolones invisibles, pero eficaces, del Espíritu...”

Que en el país del Norte sigan con sus águilas, con sus aves rapaces y deseos rapaces.

Ojalá leamos un poco más de Gabriela Mistral en lugar de hablar tanto de ella sin conocerla.

Ojalá la veamos en su verbo. Mujer y cierva. Y bellísima y valiosa gacela.


(Presentado en el XV Encuentro del Mundo de la Cultura
La Serena, 25 al 30 de octubre)