06 May, 2017
29 April, 2017
"LOS CUENTOS DEL QUIJOTE"
¿Quién de
mi generación dejaría pasar un libro en cuya cubierta hay un grabado de Gustave
Doré? Quizá para los jóvenes es difícil de entender, pero eso "me obligó" a comprar “Los Cuentos del Quijote” y descubrí que
se le ocurrió a Félix García Moriyón reunir en un libro aquellos cuentos
incluidos en El Quijote de la Mancha que no necesariamente tenían que ver con
su historia.
El autor
explica: «Nuestra propuesta consiste en
seleccionar casi todos los relatos intercalados en la novela, sacarlos del texto
original y dejar que disfruten de vida propia. Es una propuesta que ha contado
ya con el aval de importantes especialistas en la obra cervantina, aunque sin
llegar a la radicalidad con la que nosotros la abordamos en esta selección. No
es, de todos modos, sencillo establecer una nítida frontera en este juego de
narraciones que abundan en la novela, pero hemos incluido casi todos los que se
pueden diferenciar como relatos con vida propia.»
Con ojos de
educadora no pude menos que alegrarme sobremanera por esta magnífica idea. Celebramos
a Miguel de Cervantes. No queremos que sea olvidado. Deseamos que los jóvenes lean
esta creación magnífica que es El Quijote: el compilado ideal de relatos
poéticos, emocionantes, conmovedores, alegres, aleccionadores... Pero, por desgracia les resulta
extremadamente difícil de entender el lenguaje y por consiguiente el contenido.
Si logramos que los estudiantes lean algunos de los cuentos, no importa
cuántos, quizá también, algunos de ellos logren entusiasmarse más adelante con
la obra completa. Pienso en La pastora Marcela y su discurso tremendamente
feminista, en la Historia de Leandra, en la Casa de los locos, en fin, todo el contenido
de este libro que describo.
¿Por qué no
facilitar el acercamiento a este autor que no ha perdido vigencia en el tiempo?
¿Acaso no hacemos todavía lo mismo que
los personajes de sus relatos? Compartimos los viajes, los encuentros
fortuitos, las esperas indeseadas y la palabra surge espontánea y confiada
endulzando soledades, con relatos, chistes, historias, que nos hacen más
humanos y más hermanos.
25 April, 2017
¿POR QUÉ SHAKESPEARE?
En estos días, en que junto con esforzarnos porque se valide la vigencia
del libro recordamos a dos grandes literatos como Miguel de Cervantes y William
Shakespeare, hay quienes preguntan ¿por qué nuestro homenaje a un inglés? ¿Qué
tiene que ver con nosotros? Quizá ya no basta decir que es un autor universal. Tal
vez porque ya no se lee. Aun así, en el lenguaje cotidiano entendemos
perfectamente las características de un varón cuando dicen que es un “Otelo” o
un “Romeo”, aunque ni siquiera sepamos de donde provienen esos nombres, o que
tengamos solo una vaga idea de la existencia de estas obras teatrales donde
aparecen como personajes.
Sin embargo, hay una circunstancia que nos acerca más a este dramaturgo,
poeta, actor inglés llamado William Shakespeare: se trata de su última obra
teatral llamada La Tempestad, porque tiene una relación muy cercana con nuestra
“América mestiza” (como tan bien la llamaba José Martí). Dos personajes de La
Tempestad, llamados Ariel y Caliban serían “hijos” de nuestra tierra. Tan
relevante es esto que numerosos escritores y estudiosos se han referido a estos
personajes y su relación con nuestra cultura.
Luis Astrana Marín, español, y uno de los traductores de Shakespeare al
castellano, postula que el poeta debió conocer algunos sucesos ocurridos en
América del Sur que lo motivaron a escribir esta obra, y que esto se hace
evidente tanto en el ambiente “indiano” (americano) como en las características
físicas de la isla donde se desarrolla la historia de La Tempestad. También
hace notar los nombres de origen español de los personajes: Sebastián, Miranda,
Alonso, Gonzalo, Próspero (aunque el uso de nombres que no son ingleses es
frecuente en el teatro shakesperiano).
Dos personajes en especial, han sido estudiados por otros escritores
atribuyéndoles características propias de Hispanoamérica o deseando su relación
con ellas. José Enrique Rodó, uruguayo, escribe un ensayo llamado Ariel (nombre
del “espíritu del aire“ que colabora con Próspero (en La Tempestad)
identificando a este personaje con el refinamiento, la belleza, lo espiritual.
Cualidades que por cierto son contrarias a las características del personaje
llamado Caliban, un esclavo deforme, salvaje y amargo. Las palabras de Rodó son
muy hermosas, en su llamado a los jóvenes a imitar a ¨Ariel (que) es la
razón y el sentimiento superior” y que es el “sublime instinto de
perfectibilidad” “el héroe epónimo en la epopeya de la especie” y más. Es lo
que quiere para la América nuestra.
Estudiosos del personaje indeseable, Caliban, presentan miradas diversas y
algunas hacen mucho sentido. Es el caso del poeta Roberto Fernández Retamar, para quien
el nombre del personaje de Caliban es un anagrama del término “caníbal”
proveniente a su vez de “caribe”, nombre de unos habitantes americanos que se
defendieron muy valientemente ante el invasor español y pagaron la osadía
pasando a la historia incorrectamente como antropófagos gracias a las cartas de
Cristóbal Colón. Cita a Michel de Montaigne en su ensayo “De los caníbales” “Nada hay
de bárbaro ni de salvaje en esas naciones (…) lo que ocurre es que cada cual llama barbarie a lo que es ajeno a sus
costumbres”.
Para Fernández, es Caliban quien mejor representa al “americano mestizo”: Era dueño de una isla, en la que vivía sin sobresaltos y es convertido en esclavo, se le castiga, se le quita su tierra, su dignidad, y debe “servir” a Próspero y sus compañeros que a la isla llegaron luego de un naufragio. Cuando le reclama a Próspero, es en estos términos: “Me enseñaste a hablar, /y el provecho que obtuve de ello fue que /aprendí a maldecir. /Que la plaga roja se te venga encima / por hacerme aprender tu lengua”
Cabe recordar los desatinos registrados en nuestra literatura
hispanoamericana acerca de “civilización y barbarie”, el desconocimiento
generalizado de las culturas originarias de nuestra tierra, las costumbres que
aún persisten de mirar hacia Europa o Estados Unidos para copiar lo suyo
invalidando lo nuestro, olvidando que su alfombra está muy limpia y bella
siempre y cuando no la levantemos para ver lo que hay debajo…
Yago, más bien que Otelo
En estos días en que recordamos a
Willian Shakespeare, me pidieron una opinión acerca de Otelo como
representación de lo que pueden hacer los celos en el espíritu de un hombre. Lo
releí, naturalmente, para no hacer un mal papel. Y al terminarlo, no pude
evitar pensar en un personaje de don Miguel de Unamuno: Joaquín Monegro. ¡Qué
jugada la del astuto autor! Joaquín es el protagonista de la historia y el
libro lleva el nombre de su rival: Abel Sánchez.
La envidia es la protagonista de esta historia, el sentimiento que destruye el alma de Joaquín. Y pienso que también es la envidia el motor de esta tragedia de Shakespeare. La envidia profunda y terrible de Yago que lo conduce a la mentira y la traición, e incluso al asesinato de personas que había amado.
La envidia es la protagonista de esta historia, el sentimiento que destruye el alma de Joaquín. Y pienso que también es la envidia el motor de esta tragedia de Shakespeare. La envidia profunda y terrible de Yago que lo conduce a la mentira y la traición, e incluso al asesinato de personas que había amado.
Yago es un artista a la hora de comenzar a dejar caer las primeras gotas de su veneno: (a Otelo): “Así que, como es mi deber, os diré algo. Pruebas aún no tengo. Vigilad a vuestra esposa; observadia con Casio. Los ojos así: ni celosos, ni crédulos. Que no engañen a vuestro noble y generoso corazón en su propia bondad; conque, atento. Conozco muy bien el carácter de mi tierra las mujeres de Venecia enseñan a Dios los vicios que ocultarían a sus maridos. Su conciencia no las lleva a reprimirse, sino a encubrirlos”
Vuelvo a Joaquín Monegro y su dolor: “empecé a odiar a Abel con toda mi alma y a proponerme a la vez ocultar ese odio, abonarlo, criarlo, cuidarlo en lo recóndito de las entrañas de mi alma. ¿Odio? Aún no quería darle su nombre, ni quería reconocer que nací, predestinado, con su masa y con su semilla. Aquella noche nací al infierno de mi vida.”
Y me pregunto si acaso en esta obra y también en Otelo ¿no habrá más de un culpable de la destructora envidia en el corazón del otro?
Quizá es posible que Otelo y Casio,
Abel Sánchez, y también el otro Abel (el de la Biblia), hayan sido los provocadores de ese
terrible sentimiento que llevó a estos hombres imaginarios pero tan reales a
destruir a otros y a sí mismos. Vale la pena pensarlo.
Y la obra de Shakespeare ¿debió llamarse Yago en lugar de Otelo? Quizá eso pensó el brillante don Miguel…
18 October, 2016
¿Merecía Bob Dylan el Premio Nobel?
Una y otra vez leo o escucho esta
pregunta. La Academia dijo que se le otorgó el Premio “por haber
creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción
estadounidense".
Están sorprendidos quienes lo conocen solo como “cantautor”, pero fue mucho más que eso. ¿Poeta? Claro que sí. Uno que recibió la influencia de los poetas simbolistas y la herencia de Woody Guthrie, quien se identificaba con los pobres y los oprimidos.
Blowin' in the wind, quizá su canción más conocida, se convirtió en himno por los derechos civiles y se cantó en Estados Unidos en las calles, en protestas, en marchas, y hasta en las iglesias en los años 70s, cuando los jóvenes reaccionaron contra la participación de su país en la guerra de Vietnam: : “¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre/ antes de que se le pueda llamar hombre?/¿Cuántos mares debe atravesar una paloma blanca antes de dormir en la arena?/ ¿Cuántas veces deben volar las balas de los cañones, antes de que sean prohibidas para siempre?/ La respuesta, amigo mío, se la está llevando el viento…”
Bob Dylan ejerció con sus canciones y su compromiso una gran influencia en la juventud, no solo de su país, sino de muchos otros lugares, nuestro Chile incluido.
Han transcurrido décadas y sus versos no han caducado ni se han
añejado. ¿Acaso no suena actual esta interpelación a “los señores de la guerra”
?:
"Ustedes, que construyen todos los cañones/ Ustedes, que
construyen los aviones de la muerte/ Ustedes, que construyen todas las bombas/
Sólo quiero que sepan/ Que puedo ver a través de sus máscaras".
Objetores reclaman, partidarios aplauden. Alguna vez dijo Luis Vitale: “es hecho objetivo que el novelista, cuentista o poeta desarrolla también su vena literaria al compás de una música” Y Eduardo Galeano que: “poemas para ser cantados no son menos ‘literarios´ que los poemas para ser leídos”.
Objetores reclaman, partidarios aplauden. Alguna vez dijo Luis Vitale: “es hecho objetivo que el novelista, cuentista o poeta desarrolla también su vena literaria al compás de una música” Y Eduardo Galeano que: “poemas para ser cantados no son menos ‘literarios´ que los poemas para ser leídos”.
¿Acaso en su origen la poesía no
era cantada?: "Diosa de la
canción: enséñame la historia de un héroe" (Homero: La Odisea)
02 October, 2016
CIFRADO EN OCTUBRE
Y no te atormentes pensando que la cosa pudo haber sido de otro modo
que un hombre como Miguel,
y ya sabes a cuál Miguel me refiero,
a qué Miguel único,
la mañana del cinco de Octubre,
a qué Miguel tan terrestre
a los treinta de ser y combatir,
a qué valiente tan increíble con la juventud de los héroes.
que un hombre como Miguel,
y ya sabes a cuál Miguel me refiero,
a qué Miguel único,
la mañana del cinco de Octubre,
a qué Miguel tan terrestre
a los treinta de ser y combatir,
a qué valiente tan increíble con la juventud de los héroes.

Son los peores días,
tú ves, los más amargos,
aquellos sobre los cuales no queremos volver, avísales
a todos que Miguel estuvo más alto que nunca
que nos dijo adelante cuando la ráfaga escribió su nombre en las estrellas
que cayó de pie como vivió, rápidamente,
que apostó su corazón al peligro clandestino;
que así como nunca tuvo miedo
supo morir en Octubre
de la única muerte luminosa.
Y no te atormentes pensando,
diles eso,
que anoche
lo echaron al corral de la Morgue,
que no sabemos adónde,
que ya no lo veremos
hasta después.
28 September, 2016
CERVANTES según Alfonso Mateo-Sagasta
El libro tenía un título muy tentador: “Ladrones de tinta” y casi seiscientas páginas. Leí las cinco páginas de rigor, las que avisan si vale la pena leer o no el libro. Encontrarme con personajes reales (e interesantes a no dudarlo) agregó una buena dosis de entusiasmo.
Me encontré con retratos muy bien dibujados de
aquellos españoles que realmente aportaron a nuestra formación literaria y al
disfrute profundo del vicio de leer: Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, presentados con sus debilidades y problemas de cada día, el
envejecimiento, las dificultades económicas, la necesidad de complacer a
quienes los sustentan, la necesidad de tragarse el orgullo.
La novela regala, además, referencias y vívidos retratos de la
vida de todos los días en el Madrid del siglo XVII: las casas de juego, los
prostíbulos, el desempeño de diversos oficios: taberneros, barberos que también
son dentistas, vecinos cooperadores, las comidas habituales, las
inconveniencias de ser noble sin dinero, en fin, con una habilidad especial que
tiene el autor para hacernos sentir hasta los ruidos y los olores de la ciudad.
El protagonista lee, y bastante: “Cogí el libro. Me acordaba del Ginés de Pasamonte del Quijote, el
personaje condenado a galeras que el caballero libera de una cuerda de presos y
que luego reaparece para robar el burro a Sancho y la espada a su benefactor”.
Denota admiración por los “grandes”, los conoce, los visita, los interroga; y
el lector imagina que está escuchando la conversación.
Vemos un Cervantes viejo, enfermo, pero digno y lúcido. El
autor lo homenajea al presentar al Quijote
como objeto de opiniones, comentarios, análisis hechos por humanos comunes que
van recreando lo que leyeron. Miguel de Cervantes aparece también como humano
común y al mismo tiempo, creador excepcional.
Dice Mateo-Sagasta en entrevista de Damián Blas
Vives: " Ladrones de Tinta fue una experiencia maravillosa. Fue
una forma de volver a ver no sólo la literatura, sino también la historia. Y de
dar la vuelta y empezar a concebir el mundo narrativo como una unidad. La
verdadera proeza de Cervantes fue romper la raya divisoria entre la verdad y la
ficción. Creo que eso es maravilloso para un escritor de ficción. Y
también para alguien que viene de la “Historia” con mayúsculas. Ahí te das
cuenta, realmente, que la “Historia”, con mayúscula, también es una ficción. En
mis obras los elementos y hechos que acontecen son históricos, aunque sometidos
a una manipulación orientada a llevarlo, todo, al terreno literario".
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