Hacer juicios en el presente acerca de hechos
ocurridos en el pasado es, para algunos, necesario. Para otros, inútil. Para mí,
creo que todo depende de la medida que se use y el cómo se use. Más relevante
que la condena, me parece que lo importante es no olvidar. Para no tropezar con
las mismas piedras.
Revisando películas para una actividad de
clase, me encontré con “La llave de Sofía”,
película del joven director francés Gilles
Paquet-Brenner. En ella, una periodista adulta en el siglo XXI investiga un
hecho ocurrido en 1942 en París,
conocido con el nombre de Redada del Velódromo de invierno (Vél d'Hiv roundup) y en que miles de parisienses de origen judío
fueron encerrados en este lugar con sus hijos. Luego, los adultos fueron
trasladados a campos de concentración en Alemania…
Lo que me llamó la atención y que se muestra en
esta película es que los periodistas jóvenes que trabajan con la protagonista desconocen
totalmente el hecho descrito, se sorprenden muchísimo al escuchar acerca de él
y más aun al darse cuenta de que los autores no fueron alemanes sino ciudadanos
franceses.
No es solo en Macondo entonces que se olvidan
hechos vergonzantes o se juega con los números de muertos y desaparecidos.
¿Será una facultad inherente al género humano? ¿Será que es demasiado difícil
convivir con la vergüenza?
Hasta ahí, como que logro comprender estas
faltas de memoria de que adolecen los pueblos y los seres humanos después de
terribles tragedias. Quizá para seguir viviendo sin enloquecer. Quizá porque la
verdad es demasiado dañina. Sin embargo, aquí cerquita, a nuestro alrededor, los
olvidos son de demasiado corto plazo como para entenderlos y menos
disculparlos.
En Chile, se olvida el dolor de tantos chilenos
que claman por verdad, por justicia, por una respuesta. Porque se olvida la
historia del país, se olvida la historia de cada ciudad, se olvidan las
promesas incumplidas de los gobernantes y se los vuelve a elegir. Los elegidos,
en un par de meses ya olvidan sus propuestas. También se olvida la identidad, los
símbolos y costumbres.
Un ejemplo frívolo: ¡ ya vieron en fiestas
patrias niñitas bailando cueca con unas enormes enaguas can-can con frufrús de
sedas y encajes !
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