25 September, 2016

DESMEMORIA

Hacer juicios en el presente acerca de hechos ocurridos en el pasado es, para algunos, necesario. Para otros, inútil. Para mí, creo que todo depende de la medida que se use y el cómo se use. Más relevante que la condena, me parece que lo importante es no olvidar. Para no tropezar con las mismas piedras.

Revisando películas para una actividad de clase, me encontré con “La llave de Sofía”, película del joven director francés Gilles Paquet-Brenner. En ella, una periodista adulta en el siglo XXI investiga un hecho  ocurrido en 1942 en París, conocido con el nombre de Redada del Velódromo de invierno (Vél d'Hiv roundup) y en que miles de parisienses de origen judío fueron encerrados en este lugar con sus hijos. Luego, los adultos fueron trasladados a campos de concentración en Alemania…

Lo que me llamó la atención y que se muestra en esta película es que los periodistas jóvenes que trabajan con la protagonista desconocen totalmente el hecho descrito, se sorprenden muchísimo al escuchar acerca de él y más aun al darse cuenta de que los autores no fueron alemanes sino ciudadanos franceses.

No es solo en Macondo entonces que se olvidan hechos vergonzantes o se juega con los números de muertos y desaparecidos. ¿Será una facultad inherente al género humano? ¿Será que es demasiado difícil convivir con la vergüenza?

Hasta ahí, como que logro comprender estas faltas de memoria de que adolecen los pueblos y los seres humanos después de terribles tragedias. Quizá para seguir viviendo sin enloquecer. Quizá porque la verdad es demasiado dañina. Sin embargo, aquí cerquita, a nuestro alrededor, los olvidos son de demasiado corto plazo como para entenderlos y menos disculparlos.

En Chile, se olvida el dolor de tantos chilenos que claman por verdad, por justicia, por una respuesta. Porque se olvida la historia del país, se olvida la historia de cada ciudad, se olvidan las promesas incumplidas de los gobernantes y se los vuelve a elegir. Los elegidos, en un par de meses ya olvidan sus propuestas. También se olvida la identidad, los símbolos y costumbres.


Un ejemplo frívolo: ¡ ya vieron en fiestas patrias niñitas bailando cueca con unas enormes enaguas can-can con frufrús de sedas y encajes !














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