25 September, 2016

UN POETA JOVEN: ARIEL SANTIBÁÑEZ


Qué duda cabe, los jóvenes “la llevan”. Sí, claro, también en la literatura. La brecha se amplía con el rechazo mutuo. Los viejos no entendemos lo que los jóvenes escriben, los jóvenes nos encuentran patéticos o caducos.

Ya en los 90s, escuché con tristeza como a un novelista emergente un entrevistador le preguntaba “¿Has leído a Dostoievski?” “No”, fue la respuesta y con tono desafiante: “¿Y tú hay leído a Bukowsky?”

Más triste la experiencia de ver cómo un grupo de jóvenes, ya en este siglo, pusieron un inodoro en medio de la plaza de Calama y depositaron dentro, ostensiblemente, los poemas de personas mayores con el más obvio de los desprecios.

Pero, ocurre algunas veces, que los jóvenes valoran a “viejos” de tiempos anteriores. Como Blake y Donne en otros lares. También en Chile con Tellier, De Rokha, Lihn.

Ojalá en nuestras tierras, jóvenes y viejos pudiéramos reencontrarnos con algunos poetas de voz fuerte y clara que desaparecieron (los desaparecieron) en plena juventud y cuyos trabajos quedaron frescos, vigentes, ejemplares.

Como el antofagastino Ariel Santibáñez, quien habría cumplido en noviembre 66 años. Santibáñez y su voz clara, desafiante y testimonial:
“…Ahora comprendo por qué/ los poetas no descifran signos de pájaros,/si sólo hay máquinas de escribir que aplastan,/decretos martirizando los oídos/ y oficios empapelando la miseria.
Hace tiempo que la Dignidad del Hombre / se quedó dormida en los archivos /y en los pasillos que transitan incansablemente./ La Aurora del hombre vive oculta en los canastos./ Continuarán siempre las manos sobre las teclas;/la sonata que se eleve, será una mariposa /nutriéndose de espaldas…”

En 1968, Oliver Welden comentaba acerca de la poesía de Santibáñez: “…Su actualidad es concreta y no está mediatizada: la poesía planea una relación directa con la realidad circundante, haciendo del poema un arma poderosa, firmemente orientado hacia la denuncia implacable, hacia la condensación instantánea…”


Reencontrarnos, en lectura dadora de vida.








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