25 September, 2016

AUN TIENEN LOS OJOS ABIERTOS


Y así nos quedamos
con las bocas abiertas 
viendo desfilar ante los ojos heridos
botas claveteadas castigando el asfalto

Y así nos quedamos
con las almas abiertas 
cómo arden las vísceras de las almas 
cuando se mancilla la inocencia de los pueblos

El buitre desgarra con desdén
-sabes de qué buitre hablo-
lo mismo úteros aterrados
que el pecho del joven insurrecto

Y así nos quedamos 
con todas las heridas abiertas 
y el llanto de cada una se unió en el asfalto
y lo justo se tornó impío 
y lo hermoso se volvió tormento
y la tortura se volvió mito
y la muerte se tornó desayuno 

Que no desaparezcan 
aún tienen los ojos abiertos 
viven en los desiertos de la insolencia
nadan en las profundidades de la Historia 
se niegan a desaparecer
que no los desaparezca un decreto 
ni un abrazo de año nuevo 


Y lo libre se tornó proscrito 
y lo cierto se volvió punto de vista 
y la tortura se volvió eterna
y la muerte se tornó plusvalía 


Y así nos quedamos
con los puños cerrados 
con las uñas enterradas en una primavera sangrienta 

Pero que no desaparezcan
aún tienen los ojos abiertos 
y los observan cuando hoy ustedes se sientan en sus sillones 
y decretan su indecencia 
y proscriben la verdad 


Que no desaparezcan
aún tenemos los ojos abiertos


Felipe Robles
Puerto Menguante


DESMEMORIA

Hacer juicios en el presente acerca de hechos ocurridos en el pasado es, para algunos, necesario. Para otros, inútil. Para mí, creo que todo depende de la medida que se use y el cómo se use. Más relevante que la condena, me parece que lo importante es no olvidar. Para no tropezar con las mismas piedras.

Revisando películas para una actividad de clase, me encontré con “La llave de Sofía”, película del joven director francés Gilles Paquet-Brenner. En ella, una periodista adulta en el siglo XXI investiga un hecho  ocurrido en 1942 en París, conocido con el nombre de Redada del Velódromo de invierno (Vél d'Hiv roundup) y en que miles de parisienses de origen judío fueron encerrados en este lugar con sus hijos. Luego, los adultos fueron trasladados a campos de concentración en Alemania…

Lo que me llamó la atención y que se muestra en esta película es que los periodistas jóvenes que trabajan con la protagonista desconocen totalmente el hecho descrito, se sorprenden muchísimo al escuchar acerca de él y más aun al darse cuenta de que los autores no fueron alemanes sino ciudadanos franceses.

No es solo en Macondo entonces que se olvidan hechos vergonzantes o se juega con los números de muertos y desaparecidos. ¿Será una facultad inherente al género humano? ¿Será que es demasiado difícil convivir con la vergüenza?

Hasta ahí, como que logro comprender estas faltas de memoria de que adolecen los pueblos y los seres humanos después de terribles tragedias. Quizá para seguir viviendo sin enloquecer. Quizá porque la verdad es demasiado dañina. Sin embargo, aquí cerquita, a nuestro alrededor, los olvidos son de demasiado corto plazo como para entenderlos y menos disculparlos.

En Chile, se olvida el dolor de tantos chilenos que claman por verdad, por justicia, por una respuesta. Porque se olvida la historia del país, se olvida la historia de cada ciudad, se olvidan las promesas incumplidas de los gobernantes y se los vuelve a elegir. Los elegidos, en un par de meses ya olvidan sus propuestas. También se olvida la identidad, los símbolos y costumbres.


Un ejemplo frívolo: ¡ ya vieron en fiestas patrias niñitas bailando cueca con unas enormes enaguas can-can con frufrús de sedas y encajes !














UN POETA JOVEN: ARIEL SANTIBÁÑEZ


Qué duda cabe, los jóvenes “la llevan”. Sí, claro, también en la literatura. La brecha se amplía con el rechazo mutuo. Los viejos no entendemos lo que los jóvenes escriben, los jóvenes nos encuentran patéticos o caducos.

Ya en los 90s, escuché con tristeza como a un novelista emergente un entrevistador le preguntaba “¿Has leído a Dostoievski?” “No”, fue la respuesta y con tono desafiante: “¿Y tú hay leído a Bukowsky?”

Más triste la experiencia de ver cómo un grupo de jóvenes, ya en este siglo, pusieron un inodoro en medio de la plaza de Calama y depositaron dentro, ostensiblemente, los poemas de personas mayores con el más obvio de los desprecios.

Pero, ocurre algunas veces, que los jóvenes valoran a “viejos” de tiempos anteriores. Como Blake y Donne en otros lares. También en Chile con Tellier, De Rokha, Lihn.

Ojalá en nuestras tierras, jóvenes y viejos pudiéramos reencontrarnos con algunos poetas de voz fuerte y clara que desaparecieron (los desaparecieron) en plena juventud y cuyos trabajos quedaron frescos, vigentes, ejemplares.

Como el antofagastino Ariel Santibáñez, quien habría cumplido en noviembre 66 años. Santibáñez y su voz clara, desafiante y testimonial:
“…Ahora comprendo por qué/ los poetas no descifran signos de pájaros,/si sólo hay máquinas de escribir que aplastan,/decretos martirizando los oídos/ y oficios empapelando la miseria.
Hace tiempo que la Dignidad del Hombre / se quedó dormida en los archivos /y en los pasillos que transitan incansablemente./ La Aurora del hombre vive oculta en los canastos./ Continuarán siempre las manos sobre las teclas;/la sonata que se eleve, será una mariposa /nutriéndose de espaldas…”

En 1968, Oliver Welden comentaba acerca de la poesía de Santibáñez: “…Su actualidad es concreta y no está mediatizada: la poesía planea una relación directa con la realidad circundante, haciendo del poema un arma poderosa, firmemente orientado hacia la denuncia implacable, hacia la condensación instantánea…”


Reencontrarnos, en lectura dadora de vida.








09 February, 2016

CENTENARIO DE LA MUERTE DE RUBÉN DARÍO

Se recuerda en estos días a Félix Rubén García Sarmiento, conocido desde muy joven como Rubén Darío. En Nicaragua, Cuba, Venezuela, Ecuador, Colombia, México, España, Miami, Nueva York, preparan homenajes para el próximo 6 de febrero, fecha del centenario del fallecimiento del poeta. Se ha escrito también muchísimo con diferentes sesgos. Muy acertada e interesante me ha parecido la nota del doctor Carlos Tünnermann en La Prensa acerca del legado del poeta nicaragüense para nuestra América y también para España. Cita las opiniones de escritores de diferentes nacionalidades, con miradas distintas, pero coincidentes en lo extraordinario de su influencia y vigencia en las letras castellanas:

De Pedro Henríquez Ureña: “De cualquier poema escrito en español puede decirse con precisión si se escribió antes o después de Rubén Darío”.

Jorge Luis Borges: “Cuando un poeta como Darío ha pasado por una literatura, todo en ella cambia” […] “Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado y no cesará; quienes alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar el libertador”

Octavio Paz: “Ser o no ser como él […] De ambas maneras Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Es el fundador”

Mario Vargas Llosa: “A la inspiración y destreza de Darío. debe la lengua castellana una de las revoluciones seminales de su historia”. 

Pablo Antonio Cuadra: “Darío es ese que pone en pie el castellano para una segunda salida —aún mejor que la primera— como el Quijote. El mismo sirve de guía, de capitán: es el renovador”.

Jean Cassou: “Toda una naturaleza tropical y todo un pasado indio se despertaron en la lengua de Cervantes y de Góngora cuando la voz del nicaragüense Rubén Darío, en esta lengua soberbia, se puso a cantar”

José Coronel Urtecho: “La más alta manifestación de la universalidad nicaragüense es, por supuesto, Rubén Darío. Él es el paradigma de nuestra universalidad en su más pura forma”.

Y el mismo Carlos Tünnermann escribe: “Rubén fue, sin duda, precursor del vanguardismo. Los recursos estilísticos que emplea en sus obras de la edad madura, así lo demuestran (la constante reiteración, los paralelismos, los neologismos, las enumeraciones, las metáforas exageradas, etc.). Darío fue no solo modernista, sino que con él se inaugura la poesía realmente moderna. No hay metro, experimento poético, (verso librismo, prosaísmo, exteriorismo, coloquialismo, intimismo, etc.), innovación en prosa, tendencia literaria contemporánea, que no encuentre un precedente valioso en la obra dariana, inclusive el intertexto, tan presente hoy día en la nueva literatura latinoamericana. Sin duda, Darío es hoy un clásico de la literatura hispanoamericana y universal”

De nuestro país, me permito yo recoger las palabras de Vicente Huidobro: “Pero faltaba algo en la poesía castellana, todos los misteriosos encantos de su rima, sus magnificencias de colorido y brillantez, todas sus amoldaciones, toda la fuerza de sus palabras, permanecía aún en el misterio, en el oscuro misterio de lo desconocido. Rubén Darío alumbró ese obscuro misterio. El idioma en sus labios adquiere una faz nueva y él nos muestra horizontes ignorados”.

07 December, 2015

Alguna vez… Boleros ( OSVALDO MAYA )

Alguna vez ante un “bolero” de Cecilia Castillo, me detuve un momento a pensar. Quizás íntimamente repetía vivencias relegadas por el olvido, pues los acordes de un trío de guitarras, se intensificaban preludiando una armónica vocalización y al arrullo de su melodía, imaginaba las circunstancias de algo que, no sólo se aceptaba sino que hasta inducía a acompañarlo con un canto que, para el caso, parecía integrarse a la perfección a lo que interiormente era una certeza: “Hay que saber que la vida, se aleja y nos deja…”

Ocasión hubo en que hasta creí escuchar la versión propuesta por Cecilia para “Vereda tropical”. Joven, en una esquina de mi ciudad minera, con tenue iluminación y las primeras  ventoleras nocturnas, hasta mí llegaba, en perfecta alternancia, o un fragmento de la canción o una fría ráfaga: “Voy por... la noche… con su perfume…

Esos fragmentados compases eran suficientes. La memoria suplía lo que faltaba. La imaginación, aportaba lo suyo: allí estaba Gonzalo Curiel, el autor, Pedro Vargas, el cantante y… este humilde servidor. ¡Sí, sí, el bolero da para todo y la imaginación, también!

El libro concluye con “un cambalache” para honrar a Discépolo y es aquí donde se dan la mano el texto cantado y la poesía. En un mundo cuyas circunstancias se suceden consagrando su empeoramiento en desmedro de quienes menos tienen, es necesario mostrar ese lugar o situación de desorden y caos.

Los cambios tienen sus señas y si Discépolo las realzó en su tango, Cecilia recurre a Cambalache, Yira… yira, para estructurar su texto, en conformidad con el diario vivir del hombre actual. En el cruce de tan ricas ideas, surge una obra potenciada en su denuncia social. Su relectura, sorprende, pues otros textos de Discépolo gravitan en esa denuncia. Algunos son: Infamia, Cafetín de Buenos Aires y ¡Uno!, ambos escritos con Mariano Mores, Desencanto, ¡Chorra! y hasta su vals Sueño de juventud. Hubo grandes para estas cosas… Yo, “No puedo ser más vil, / ni puedo ser mejor…”

10 November, 2015

PLAYA PANTEÓN

Leo “Playa Panteón”, la tercera publicación de Juan José Podestá, joven nacido en Tocopilla, de raigambre iquiqueña, con las necesarias estadías en la capital para sus estudios de periodismo y literatura.

Por deformación profesional, me salta a la vista un uso de lenguaje impecable, pero que incluye neologismos y expresiones informales como cuática, sanguchería, cagás,  algún  anglicismo y aportes de esos que molestan a los puristas, como “escenaza”

Me gusta el “homenaje” al inquieto periodista Kurt Erich Suckert (de seudónimo Curzio Malaparte), y temo que el autor me diga “Oh no, es solo una coincidencia”.

La influencia estadounidense es evidente y está bien lograda, y no me refiero solo al cine y las notables acciones de venganza, sino en particular al “dirty realism”  de Raymond Carter y por supuesto a algunos ritmos de Jack Kerouac. ¿No habrá algo Tarantinesco por ahí también? 

Por otra parte, ya me había parecido interesante el guiño de otro escritor joven, Diego Zúñiga, a la historia de la oficina Chacabuco. Pero ahora, encuentro en Playa Panteón muchísimo más que referencias breves: veo compromiso (no le va a gustar la palabra) con esa  realidad nacional que no es de su tiempo, pero que rasga la generación anterior y salpica inevitablemente la propia. Ejemplos como estos pueden contradecir los temores de que el olvido que ataca nuestro país sea definitivo.

Me place ver en la narrativa de Podestá la presencia del mar, a ratos “pequeñas olas inquietas”, otras veces “mar asesino” que sirve además de tumba. El desierto, su contraparte, aparece también en cuanto ambiente y como símbolo. Simpática la descripción de comidas nortinas en la hilarante historia de Al Pacino y Jack Nicholson.


Esta lectura me hace confiar en que también en el siglo XXI tenemos una literatura nortina. Y, aunque a los viejos, que creemos saberlo todo, nos cueste aceptar el vocabulario explícito, el desenfado, la falta de respeto por las normas, ¿Por qué no leerlos?

20 July, 2015

DOS MANOS TENDIDAS

Deseamos justicia, igualdad, fraternidad. Porque debemos vivir sin estos valores y ser testigos cada día de que no están... Y el fracaso no siempre nos quita la esperanza, los sueños de que algún día esos raros regalos de la vida, enseñados en los evangelios y en otros libros de otras numerosas religiones lleguen a ser parte de las vidas de todos los humanos.

Deseamos que nuestros seres queridos nunca mueran, nunca se enfermen, nunca sufran, aun cuando sabemos que es inevitable.

Desearíamos tal vez vivir para siempre, o vivir una vejez permaneciendo lúcidos y autovalentes, acompañados y amados. Sin enfermarnos nunca, sin sentir dolor alguno.

Deseamos sol cuando hay lluvia, y lluvia cuando hay sol. Deseamos ir al campo cuando estamos en la playa. Y deseamos comer o beber lo que tenemos prohibido por salud.

Deseamos un poco de soledad personal cuando estamos abrumados por mucha gente y deseamos compañía cuando estamos solos.

Deseamos ser parte de un grupo de a dos, pero pronto comenzamos a añorar nuestra independencia y terminamos por seguir nuestro propio camino.

Sonreímos al despertar y a veces damos  gracias por la luz de un nuevo día. Otras veces enfurruñados caemos en la queja, en la derrota, en la desesperanza.

Y debemos vivir así, cada día, sin tener lo que deseamos y anhelando aprender a disfrutar de lo que nos llega como obsequio sin que lo hayamos buscado. No sabemos si merecemos lo que recibimos, ni tampoco agradecerlo o atesorarlo.

Qué bien lo dijera el poeta Ivo Serge: “Cuando es sincero el amor/ por los seres y las cosas/ todo camino es de rosas/ todos los días de sol/ Vida toma el corazón/y haz que mis vidas vividas / sean dos manos tendidas/ y abiertas siempre al amor”

¡ Cómo aprender a ser sabios para aceptar con alegría y agradecer eso, lo mejor de nuestra existencia: los gratuitos regalos de la vida !


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